El intento del condómine de valerse de la ley para impedir una construcción particular en áreas comunes sucumbió al no recibir apoyo de los demás residentes.
Esos a decir verdad, no tenían más opción que hacerse de la vista gorda pues si de secuestro individual de áreas para servicio de todos se hablaba, nadie estaba libre de pecado.
Otra residente reiteraba en vano su ruego a los vecinos para que la basura fuera colocada en el contenedor, como forma de asegurar la efectiva recogida de los desperdicios a la llegada del camión.
El cáncer del individualismo devora nuestra sociedad sin que alcancemos a advertir que la raíz de muchos de nuestros problemas como comunidad se hallan en nuestro desdén hacia el interés colectivo.
Urge reeducarnos, que las escuelas formen niños y jóvenes con sentimiento y visión de grupo, amén de respetuosos del derecho ajeno, para construir un país vivible.
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