A fuerza de necesidad en el país la motocicleta alcanza la versatilidad nunca imaginada para un medio de transportación de su característica.
Estrechamente vinculado al padrefamilismo, el motor inicia su historia en la economía informal a través del motoconcho; su aporte a la supervivencia de las familias de escasos recursos está muy diversificado actualmente.
Las intersecciones metropolitanas son reveladoras de la alta cantidad de dominicanos que deben su empleo ya sea a tener o a conducir una moto.
Hasta cuatro miembros de familia se apretujan en un inefable C-70 en dirección a escuelas y centros de trabajo; el vehículo traslada también cargas de todo tipo, desde mobiliario hasta cilindros de gas propano y en una escena que superó lo surrealista hasta ser dantesca, un motor transportó al descubierto un cadáver robado desde una morgue.
Irredentos violadores de la luz roja y señales de tránsito, nuestros “muertorita” son respetablemente creativos y batalladores.
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