Entre los dominicanos y los partidos sucede aquello de “ni contigo ni sin ti”.
Conforme recientes encuestas de opinión las organizaciones políticas están entre las instituciones consideradas como las más corruptas por la población; sin embargo la fortaleza del sistema partidista en el país es una realidad irrebatible.
Estamos entre los países de mayor participación electoral, nos gozamos como nadie las elecciones.
La “incongruencia” es tarea de estudio para el pensamiento social nacional, que tendría que abordar por qué endosamos en forma tan vehemente nuestra partidocracia, pese a reconocer en general que la influencia político-partidista en la vida nacional se verifica en extremos no saludables al avance material e institucional del país.
La desigualdad social y la falta de educación apuntalan la relación clientelar que determina nuestro fatal destino: que gobierne o no nuestro partido llega a ser, literalmente, la diferencia entre vivir o morir para cada uno de nosotros.
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