Las campañas internas devienen campañas políticas madrugadoras. Los aspirantes a ser nominados por sus partidos a cargos al Congreso o municipios hacen campañas de alcance general, procurando matar dos pájaros de un tiro: competir internamente y ganar adeptos externos.
La situación perjudica a la población que no milita en partidos, que resulta cargada con mensajes políticos masivos desde ahora y sin pausa hasta mayo de 2010.
Para el tiempo en que la campaña debería iniciar, los dominicanos estaremos padeciendo agotamiento mental y físico por efecto de la saturación mediática y la contaminación ambiental derivada del proselitismo a destiempo.
Si la Ley de Partidos está llamada a ser el instrumento para controlar las campañas internas, no será aun en la actual coyuntura electiva cuando lleguemos a medir su utilidad; queda abogar por el juicio y la prudencia entre los candidatos para prevenir dañar el ánimo ciudadano.
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