Pablo Mckinney suele llamar la atención en cuanto a que en el país todo está dicho y lo que falta es la voluntad política, interesante planteamiento que tiene un paradigma en la reciente declaración de Franklin Almeyda sobre la necesidad de mejores salarios para los policías.
A la inacción gubernamental se suma como problema el que los propios policías estén inhabilitados para promover su desarrollo humano, como efecto del lastre militarista de la uniformada.
Aunque servidores civiles, los policías están excluidos de las capacidades del ejercicio ciudadano, inhabilitados para reclamar derechos.
Como forma de sentar las bases hacia una policía profesional, el país y especialmente los oficiales policiales, muy acostumbrados a privilegios militaristas, deben asumir la decisión de las reformas jurídico-políticas que promuevan una estructura plenamente civil para el cuerpo de orden público.
La única huelga que me llenará de satisfacción, si llego a verla alguna vez, será la de policías.
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