Casarse engorda. Lo que se ha presumido desde siempre ahora se sabe con rigurosidad, a partir de investigaciones de la Universidad de Carolina del Norte.
Las personas casadas tienen el doble de posibilidades de aumentar de peso que las solteras; en el primer año de casamiento las mujeres tienen un riesgo sesenta y tres por ciento mayor que los hombres de tornarse obesas.
La razón no está en la propalada creencia de que las mujeres una vez casadas “se abandonan”, pues las esposas también procuran conservar los maridos. Sucede que la vida matrimonial trae comidas más regulares y una vida más sedentaria para la pareja.
Para prevenir el problema es recomendable que ambos miembros se ejerciten en común, actividad de la que pueden sacar provecho tanto para fortalecer la unión como para promover una vida saludable, hábitos que también se reflejarán positivamente en los niños.
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