Aunque el Gobierno pueda tomarlo como “ataque de la oposición”; las casas editoras decir que “el conocimiento se renueva cada año”; los dueños de colegios que “la educación es un negocio sujeto a la libre competencia”.
Que pudiera acaso Melanio Paredes salir con que el Estado cumple su rol en tanto entrega los libros a los estudiantes de las escuelas públicas.
O quizás llamarme las autoridades de Educación a inscribir mi hija en uno de los planteles oficiales, mientras los hijos de los funcionarios estudian en los más caros colegios privados.
No importa que al parecer la desigualdad social de la República Dominicana sea tan imbatible que la condena a ser un país donde se gobierna coyunturalmente o para los muy ricos o para los muy pobres.
Aunque queja fútil y nada original, expreso mi lamento y amargura por la impotencia ciudadana frente al abusivo precio de los libros escolares.
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