Las iglesias protestantes hacen una solicitud justa al reclamar la validez civil para sus matrimonios, pero para merecer esa capacidad esas congregaciones están llamadas a agotar un proceso de organización interna que les permita lograr la personalidad institucional de la que al momento carecen.
Aunque es alto el número de dominicanos que se identifican como practicantes de la fe protestante, todavía las iglesias evangélicas conforman un cuerpo difuso y disperso, de variadas matizaciones en sus creencias y prácticas, lo que dificulta su viabilidad como interlocutores del Estado.
Los evangélicos deben procurar definir ante la sociedad quiénes son como organización, qué procesos garantizan el control interno y quienes son sus líderes.
Hay congregaciones evangélicas desde las que se advierten esfuerzos públicos por proyectar una imagen institucional integrada.
Pero en general estas iglesias acusan debilidades objetivas que no las favorecen en su aspiración de igualarse en influencia social a la Iglesia católica.
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