El presidente norteamericano Lindon B. Johnson se proponía pasar ese fin de semana en Camp David, Maryland, cuando a las 6:05 de la tarde le llegó la noticia sobre el estallido de la revolución del 24 de abril de 1965 en República Dominicana.
En realidad, el primer mensaje “Top Secret” dando cuenta de la revuelta lo envió al Departamento de Estado, a las 5:04 de la tarde, el encargado de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos, William B. Connet, en ausencia del embajador William Tapley Benett.
“Militares rebeldes, alentados por grupos comunistas y del Partido Revolucionario Dominicano han tomado el control de los campamentos 16 de Agosto y 27 de Febrero. Grupos de civiles armados se encuentran atrincherados en las calles de Santo Domingo, exigiendo el regreso de Bosch”, rezaba el cable. (1)
En sus memorias recogidas en el libro “The Vantage Point”, Johnson resume con las siguientes palabras el informe del Consejo Nacional de Seguridad: “La situación es confusa y así eran de confusos los primeros informes recibidos. Elementos rebeldes han tomado dos estaciones de radio en Santo Domingo y llamaron al pueblo a unirse al derrocamiento del presidente Donald Reid Cabral”. (2)
En efecto, el general Marcos Rivera Cuesta, a la sazón jefe del Ejército, desoyendo la advertencia de una asonada, se dirigió después del mediodía al campamento 16 de Agosto. Iba con la intención de apresar a cuatro oficiales desafectos, pero no bien se desmontó del vehículo fue hecho prisionero.
El primer civil que conoció la noticia fue José Francisco Peña Gómez, quien a la 1:30 de la tarde cuando iba a dar inicio a “Tribuna Democrática”, órgano del PRD, recibió la llamada del capitán Mario Peña Taveras.
“Doctor, le habla Peña Taveras. Conmigo está el coronel Miguel Hernando Ramírez y un grupo de oficiales y sargentos. Anuncie al pueblo que la revolución ya comenzó. ¡Tenemos preso al general Rivera Cuesta!”. (3)
La estación de la CIA en el país hizo dos reportes de los acontecimientos bélicos dominicanos que se desarrollaban en las calles de Santo Domingo desde las primeras horas de la tarde del 24 de abril, uno a las 7:14 de la noche y otro después de las 8:00 p.m. (4) y se referían “a elementos connotados de la izquierda apoyando el alzamiento” y “a las reuniones del bando militar opuesto destacado en San Isidro, con el general Elías Wessin y Wessin y el coronel Pedro Bonoit a la cabeza”.
Esa noche, Johnson tenía previsto una reunión con los miembros del Consejo Nacional de Seguridad para tratar asuntos relacionados a la estrategia norteamericana en la guerra de Vietnam, pero “debido a la neblina en las montañas de Maryland tuvo que trasladarse a Washington para que estuvieran presentes todos los miembros del organismo, porque era también necesario incluir en la agenda el tema la crisis dominicana”. (5)
A las 8:35 de la noche, Reid Cabral se dirigió al país, a través de la radio y la televisión oficial, para anunciar el toque de queda y un plazo hasta las cinco de la mañana para la rendición de los rebeldes.
En San Isidro, durante las primeras horas del domingo, 25 de abril, se acordaron acciones en contra de los militares constitucionalistas, entre ellas el bombardeo al Palacio Nacional y luego al puente Juan Pablo Duarte.
Wessin y Wessin y Pedro Bartolomé Benoit pidieron la intervención norteamericana, lo que fue comunicado al embajador Bennet tan pronto éste regresó ese día procedente de Georgia, donde había viajado el 22 de abril para visitar a su madre enferma. (6) Mientras, la revuelta popular ganaba apoyo al segundo día, José Rafael Molina Ureña era designado presidente de la República.
Radicalización de los bandos en conflicto
La designación de Molina Ureña le fue comunicada a Johnson mediante un cable de la embajada enviado por Connet al Departamento de Estado, según lo consigna en sus memorias el propio ex mandatario norteamericano: “Las condiciones en Santo Domingo se han deteriorado.
Líderes de las Fuerzas Armadas habían fallado en apoyar a Reid y él había renunciado. Rebeldes pro-Bosch habían tomado el Palacio Nacional e instalado un seguidor de Bosch, a Molina Ureña (7)”.
En la medida en que avanzaban las horas, la situación se tornaba incontrolable para los militares contrarios a los constitucionalistas.
El lunes, 26 de abril, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, acudió junto a un grupo de oficiales constitucionalistas y dirigentes del PRD a la embajada norteamericana en Santo Domingo para que por mediación de Estados Unidos los militares de San Isidro reconocieran al nuevo gobierno y el inminente retorno desde Puerto Rico del ex presidente Juan Bosch. Pero el embajador Bennet sugirió el levantamiento incondicional de la revuelta y se negó al retorno de Bosch.
La reacción de Caamaño no se hizo esperar: llamó al pueblo a dirigirse al puente Duarte y enfrentar a los militares de San Isidro que ya amenazaban con penetrar a la parte occidental de la ciudad. Otro cable despachado por la embajada norteamericana dando cuenta del encuentro con los líderes constitucionalistas, textualmente decía: “Sólo la intervención de los Estados Unidos puede prevenir el regreso de Juan Bosch”, firmado William B. Connet. En efecto, los bandos se habían radicalizado y sólo era cuestión de horas para que EE. UU. ocupara por segunda vez en el siglo XX a la República Dominicana.
Documentos declasificados
En procura de una fiel interpretación de los hechos acaecidos el 24 de abril de 1965, el autor de este trabajo fundamenta su crónica en la siguiente bibliografía: 1) Cronology of Dominican Crisis-1965, documento “Top Secret” de la CIA, Pág. 123; 2) “The Vantage Point”, memorias del ex presidente de los Estados Unidos, Lindon B. Johnson, Pág. 187; 3) Edición del 25 de abril de 1965 del periódico El Caribe, pág. 2; 4) Cables de la estación de la Central de Inteligencia (CIA) en República Dominicana enviados al Departamento de Estado; 5) The Vantage Point, ob. citada de Johnson, página 334; 6) Cable o nota diplomática de la Embajada de los Estados Unidos, declasificada desde 1985; 7) Memorias citadas del libro de Johnson, página 298.
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