El párroco de Capotillo, Wilfredo Montaño, es un hombre de Dios, conciente de la responsabilidad social de la Iglesia, y por eso no anda con rodeos cuando hay que luchar por la solución de los problemas comunitarios en un sector tan convulso.
Es un hombre de Dios luchando en un barrio que se ha convertido en paraíso de la delincuencia y de los atropellos de los agentes, a pesar de ser, según proclamó Almeyda, un sector “modelo en la lucha contra la delincuencia”.
Es un barrio “intervenido” por el programa Barrio Seguro de Interior y Policía propiedad del inefable Franklin Almeyda, precandidato presidencial del PLD.
Montaño –arriesgando su vida– tiene un duro batallar contra los abusos que cometen agentes de la Policía y la DNCD contra los muchachos del barrio (sean serios o bandidos: atracadores, carteristas, vende drogas, tumba celulares, ladrones de tanques de gas, violadores de moradas).
Proclama que “aún a los delincuentes hay que preservarles la vida respetándoles sus Derechos Humanos”.
Para que hubiera paz en Semana Santa, el buen sacerdote tuvo que intervenir, porque Capotillo estaba protestando con quemas de neumáticos, pedreas a carros, desórdenes, explosión de bombas de fabricación casera, disparando a los policías con chilenas (un arma artesanal)…
Demandaban que la DNCD pusiera en libertad a un grupo de jóvenes “injustamente apresados: A algunos les pusieron drogas para justificar su apresamiento”.
“Muchas drogas se las están poniendo a los jóvenes. Protestan porque muchas drogas las encuentran en el suelo y se las ponen a ellos. El Código (Procesal Penal) los protege…si no tienen drogas no se las pueden poner, aunque sea un vendedor de drogas”, dice Montaño.
“Lo que queremos es que se respete la integridad del imputado. Yo estoy de acuerdo con que se respeten los Derechos Humanos de las personas, no importa que hayan delinquido, hay que respetar a cada ser humano”.
Y agregó: “Así como vemos que cuando van a apresar a Pepe Goico y Álvarez Renta no rompen puertas, no rompen ventanas, van organizadamente con fiscales; así yo quiero que en Capotillo se haga esa misma cosa”.
Al final, yo me hago la pregunta de si en Capotillo fracasó Barrio Seguro, ¿Cuál será el futuro de ese laborioso barrio?, ¿Seguirá siendo tierra de nadie, zona liberada, donde Policías corruptos hacen pingües negocios con sus colegas delincuentes?
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