En el Palacio Nacional –administración del poder y residencia del Presidente, que duerme en la alcoba presidencial de la tercera planta– ocurren unos extraños sucesos que pareciera que al lugar le cayó un hechizo, embrujo, maldición o maleficio.
Una mujer que se desnuda en recepción, dos que se fajan a los puños, otro le tira piedra al Palacio, el helicóptero del Presidente que no quiere encender. Son de las cosas que, últimamente, ocurren allí.
Primeramente, el pasado martes (día de brujería) se convocaron dos actividades a la misma hora (11 de la mañana) y con un solo maestro de ceremonia, el versátil Omar Liriano. Una actividad era con la primera dama Margarita Cedeño y la otra la encabezaba el presidente Leonel Fernández.
La prensa se rompía la cabeza, no sabía a cuál de las dos actividades acudir, puesto que “un cuerpo no puede ocupar dos espacios a la vez”.
Finalmente, los reporteros llegaron a un consenso: se iban con el Presidente (por su jerarquía), previendo que el gobernante pronunciara un discurso en la actividad en que se declaró a “Santo Domingo Capital de la Cultura”.
Pero cuando los periodistas corrían para el Salón de Embajadores, donde se iba a desarrollar el evento del Presidente, se encontraron con una sorpresa: la guardia no los dejó entrar para obligarlos a que fueran a la actividad de la Primera Dama.
La prensa se rebeló y se paró a mitad de camino: ni para un lado ni para el otro. El problema se solucionó cuando Omar Liriano (tan capaz como caballeroso) le pidió a la prensa que fueran a la actividad de la Primera Dama, en el Salón Verde, ya que se había decidido que se realizaría primero.
Las cosas no se detienen ahí. Cuando la Primera Dama –con la elocuencia y sensibilidad humana que la caracteriza– explicaba su plan de trabajo para los próximos dos años, pasó lo nunca visto, un apagón en el Palacio Nacional le truncó el acto.
Sin luz y con mucho calor, Cedeño sudaba y los empresarios y demás funcionarios improvisaban abanicos con pedazos de cartón o salían del salón arreglándose el cuello del sudor que le corría a raudales.
En el otro acto –el del Presidente– se vivió la misma calamidad y tuvo que ser retrasado hasta que llegara la luz.
Al día siguiente se siguió la misma penuria en las oficinas del Palacio, ocurrieron al menos cuatro apagones.
Para seguir con el maleficio, secretamente, sin avisar a la prensa, el miércoles cuando el gobernante y su comitiva abordaron su helicóptero para viajar a La Romana, después de al menos cuatro intentos, el helicóptero no pudo encender.
En medio del nerviosismo del piloto y la seguridad, el Presidente y sus acompañantes se desmontaron y abordaron otro helicóptero.
La prensa dejó sentir su protesta, su malestar, el Presidente había viajado a Casa de Campo, La Romana, para reunirse con el importante magnate de la comunicación Gustavo Cisneros y sólo un periódico, el Listín Diario, hizo la reseña del encuentro.
Otro incidente fue que, recientemente, un joven, en aparente estado de locura, se paró frente al Palacio Nacional y comenzó a lanzar una lluvia de piedras a la casa de Gobierno.
Mientras el hombre era detenido por la guardia presidencial lanzaba todo tipo de maldiciones, frases de conjuro contra el Presidente y los funcionarios del Palacio.
Ya una semana antes una mujer se había desnudado en la recepción de la casa de Gobierno en protesta porque quería entrar “a visitar el presidente Fernández” y los miembros de seguridad se lo impidieron.
La mujer fue detenida y también advertía que por la acción en su contra “una maldición caerá sobre el Palacio”.
Otro lío en recepción fue entre un ayudante civil del Presidente y un ex oficial de la Guardia Presidencial durante el gobierno del ex presidente Hipólito Mejía, quienes se fajaron a los puños.
Ambos coincidieron porque iban a depositar correspondencias en el lugar. El ex oficial le dijo “ladrón” al otro y el agredido respondió “ladrón erés tú, hijo de…” y a pelear se ha dicho.
Sofocar ese incidente fue más difícil, pues la que se desnudó y el tira piedra son dos hijos de machepa y es fácil “someterlos a la obediencia”.
Pero aquí se trataba de un “honorable” ex alto oficial y ningún miembro de la Guardia Presidencial le quería poner la mano encima por su influencia, a pesar de que pertenece al gobierno pasado.
En fin, parece que el Palacio debe ser exorcizado por un brujo, pastor o sacerdote para echar de allí el maleficio. ¿Y usted qué cree amigo lector?
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