Pido atención, mucha atención y seriedad a lo que les informaré: David Copperfield visitó el país. Solo nuestro blog consiguió la exclusiva de las andanzas del famoso ilusionista norteamericano por República Dominicana, así que sufran Alicia, Nuria y Cavada.
“Pruébalo Luis Daniel”, me exigirá algún amigo al que cariñosamente tildaré de “freco”. Pero “ta to”, lo demostraré.
Foto. Bueno, foto, foto, lo que se dice la imagen de David en algún hotelito de buena vida más allá de los “todo incluido”, no hay. Tampoco existe un informante de honda garganta que dé testimonio de la presencia del mago en algún un matinée de cervezas a cinco pesos en la Venezuela…
Entonces, ¿cómo probar la veracidad de mi noticia? Oh, fácil. Usando el menos común de los sentidos, el cuál es el único que puede explicarnos cómo rayos pidieron “prestado” el avión Cesna, King Air 200 matrícula N871 del aeropuerto Joaquín Balaguer.
Presumiremos un poco de nuestra pericia, y olfato de sabueso alimentado bajo las mesas de Agatha Christie y el doctor House para detallar porqué el nombrado David Copperfield, alías “Deibi La Tranca”, debe ser el responsable de tan increíble hazaña.
En su expediente, La Tranca almacena “plausibles delitos” que van desde la desaparición de la más grande fanática de los Yankees (sin importar que se fueran temprano de la carrera por una nueva Serie Mundial), la siempre inmóvil Estatua de Libertad, hasta el robo de cientos de metros de cristal, los que utilizó para levitar sobre el Gran Cañón “descolorado”.
Aquí termino. No quiero ponerle más leña al fuego. Solo sentía la obligación de cumplir con mí deber ciudadano de resolver un “préstamo” que ha sorprendido a la sociedad. Sí alguno conoce una teoría menos sarcástica o simplemente real, con gusto estoy dispuesto a analizarla. Mientras tanto, escuché que Deibi frecuenta la zona de casinos enramados de “Las Vegas Carnavelada”.
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