Conversando una de esas noches sin electricidad con unos de mis compadres, discutíamos sobre lo pintoresco de la política y los políticos nacionales.
El padre de mi primer ahijado de bautismo me decía que le encantaban las estrategias necesarias para llevar un candidato al poder. Sus argumentos iban desde la nueva y ecuánime imagen de Hipólito hasta el reavivamiento de la figura de Danilo. Para respaldar su teoría, le recordé que nos habíamos quedado huérfanos de madre. “¿Huérfanos de madre?”, preguntó extrañado. “Sí, huerfanitos, huerfanitos”, reafirmé.
Como ya sabrán, la orfandad nos la dio la doctora Margarita Cedeño de Fernández, cuando se retiró bien tempranito de la carrera por la precandidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana.
Le abundé: “Compadre, se imagina lo que nos hubiésemos divertido con una batalla Mamá contra Papá. Lo primero es que Diógenes y Boquechivo, Matías y Berroa, Eloy, y los otros personajes de caricaturas, iban a tener material cómico de sobra. Piénselo, por el lado de la campaña sucia los maternalistas nos recordarían que Papá puede ser cualquiera, pero que Mamá sólo una. Nos asegurarían a toda hora que el amor de madre es más puro que el de padre, igual que el de Margarita.
A esos argumentos, los paternalistas contraatacarían con el refrán: Amor de padre, que todo lo demás es aire, y la frase atribuida a Mozart que reza: En el cielo, directamente después de Dios, viene un papá, así es Hipólito (sí, las frases paternas las busqué en Internet para que pegaran, pues no recordaba refranes chulos para papá).
En la televisión los anuncios familiares hubiesen reinado. Por un lado tendríamos una lucha de besos. Los viejos, embarazadas, niños y niñas con ella, y las viejas, y todos los otros con él.
La verdad, compadre, creo que habríamos visto la campaña más familiar de la historia de la política dominicana. Un torneo protagonizado por la célula de la sociedad de la que tanto hablaban nuestros libros de primaria (y supongo que los nuevos textos integrados también).
Pero nada compadre, quizás será para otra ocasión, pues sin madres populares que se vislumbren para llevar la lucha en nuestras próximas elecciones estamos destinados a otro aburrido torneo paterno”.
Así hablamos, o al menos, así es que lo puedo contar para no parecer un hijo desobediente.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Comentarios (3)