La frase culmen del clásico El Mago de Oz me brindó la excusa perfecta para reencontrarme con todos los que me siguen.
Como ya sabrán quienes pasean por este paraíso desde su génesis (no es tan difícil, apenas llevo cinco posts) lo inicié tras llegar a Madrid para continuar con mi formación profesional.
Al principio, quería escribir las actuales líneas para compartirles muchas de las experiencias vividas en los “madriles” y zonas aledañas, pero me ganó la pereza. Luego, pensé en hablarles de un tema social de moda, o quizás, algo de puro entretenimiento. Se me ocurrieron ideas como: Duarte formando un grupo en Facebook para demandar el necesario 4% para la educación, o hacer un análisis “casablanquístico” del presidente Fernández y la teoría de “las cifras” la cual nos sitúa como una nación a la que países del nivel de Francia o Estados Unidos deberían envidiar.
Volteando la página hacia cosas más solidarias, también quise contarles una bonita historia sobre Caminantes por la Vida, pero vuelvo a lo dicho: ¡la maldita pereza!
Bueno, al final me sobrepuse a la desidia y me robé esa línea de El Mago de Oz, la que da título al primer paraíso escrito en los dominios del 809. Y es que, lo queramos o no, se pueda o no, siempre comparamos. En mi caso, tras varias semanas de “pisar tierra dominicana” no pude evitar comparar las cosas, lugares, personas o metro que dejé del otro lado del Atlántico, con las que me esperaban en “mi paraíso”. Pronto me di cuenta que la comparación no era justa para ninguna de las dos tierras, gente incluida.
Buscando dejar las cosas en un empate sentimental, me aferré a la citada frase, pues: …aunque nuestro sistema de transporte público sea regido mayoritariamente por sindicatos que si cumplen su ley, amén de lo que diga el Gobierno… no hay lugar como el hogar.
Aunque la sociedad tenga que reunirse para reclamar que se cumpla una ley que sirve para el desarrollo de todos… No hay lugar como el hogar.
Aunque dos millones y pico de firmas aseguren que todo debe permanecer, quien sabe por cuanto tiempo, exactamente igual… No hay lugar...
Aunque no escuché el “Otra vez, otra vez… en el Casandra” (perdonen, pero me gustan las tradiciones)…No hay lugar como el hogar.
Aunque los combustibles, si suben-suben, y se bajan…. bueno, ya no recuerdo que era lo otro… No hay...
Y no hay lugar como el hogar porque, sin importar las precariedades, estos 48 mil y pico de kilómetros cuadrados siempre serán nuestros. Vale la pena luchar por ellos. Admítanlo, apenas salimos, a nuestro corazón le da taquicardia cuando siente que se acerca lo que la espigada profetiza apodada La Montra denominó “La hora de volver”.
Comentarios (3)
A lo demás, gente, pueblo, titirimundati a opinar en las redes sociales, a presionar para que nuestros gobernantes entiendan que nosotros les hemos contratado para trabajar, no es un favor.