En mi estancia por la Madre Patria he disfrutado de muchas bocanadas de orgullo criollo. Una de ellas la conseguí el pasado Halloween.
Contrario a lo que la mayoría pensará, no la obtuve por comparar los atuendos que se llevaban esa noche en esta tierra, con los disfraces de nuestro carnaval. No obstante, reconozco que hubo un disfraz que me llamó poderosamente la atención.
Se trataba de un tipo que iba como Hulk, dígase, “bolos” (shorts) caseros y tenis. Ojo, que lo que lo hacía tan especial era portar dicho atuendo con un frío que, particularmente, me obligaba a andar con más capas que una cebolla.
Bueno, vuelvo al tema. Lo que me hará recordar tal bocanada de orgullo tiene que ver con la música. Ocurre que, para ese entonces, tenía apenas un par de semanas en Madrid y la nostalgia prematura me quería visitar. Tocaba y tocaba mi puerta. Yo simplemente me hacía el loco y no le abría.
Pues esa noche, un par de jóvenes más borrachos que un racimo de uvas ahogado en un botellón de "mamajuana" cantaban la canción de Carlos Baute y Marta Sánchez. Escuché claramente la parte de: “Te envió poemas de mi puño y letra. Te envió canciones de 4-40…”
Confieso que oír esas líneas sirvieron para forzar la puerta de mi encarcelada nostalgia y arrancarme una sonrisa que se tragó la noche. No sé si el par de chicos alguna vez han bailado La Cosquillita o Bachata Rosa. “No, no lo sé”.
De lo único que estoy plenamente convencido es de que, en cualquier lugar o momento, alguien puede violentar nuestras murallas internas y darnos unas necesarias bocanadas de felicidad, de sano orgullo.
Luis Daniel Núñez es periodista
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Comentarios (13)
Bonita experiencia Luis!
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