La denuncia no viene del partido oficialista. Son diputados del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) quiene sentienden que el Hombre del Maletín se paseó por el Congreso Nacional el día enque la Cámara de Diputados convirtió en ley el Presupuesto General del Estadodel 2012. Mientras se mueven por los pasillos congresuales, los honorables disgustados sueltan la perla entre periodistas. Por supuesto, lo hacen fuera derecord, porque no desean expresar más que su hondo descontento. Tampoco dicenel monto del soborno que supuestamente fue entregado a sus compañeros honorables.
Algunos de los que no llegaron a tiempo para participar de la votación al vapor que dirigió Abel Martínez, presidente de la Cámara, aseguran que el PRD pudo posponer el conocimiento de la pieza conla simple abstención de sus miembros. Juran y requete juran que los 48 diputados de su bloque que emitieron un voto negativo fueron al Hemiciclo con la única intención de completar el quórum para que el excelso Martínez blandiera sin obstáculos su estruendoso macillo, como efectivamente lo hizo.
Las quejas señalan que además de losbilletes del Hombre del Maletín, legisladores de la corriente de Miguel Vargas Maldonado, presidente del glorioso Partido Revolucionario, también querían poner otra piedra en el camino de la candidatura presidencial de Hipólito Mejía, alias Papá. Las malas artes y la falta de disciplina delos diputados y dirigentes del PRD son suficientemente conocidas por todo elvivo de República Dominicana. Así que no ha de sorprender que, mientras importantes sectores de la sociedad llevan más de dos años solicitando la asignación presupuestaria que corresponde por ley al sector Educación, elpartido blanco se dedique a vender las votaciones del Congreso por dos o trescheles. Tampoco sorprende el abuso de poder cometido por el PLD, siempre ajenoa las críticas y a los reclamos de los grupos sociales apartados de sus esferasde control. Ambos partidos se mueven por el impulso de grandes intereses individuales. Lo de la democracia es un cuento ultra repetido por los ilusosque no terminamos de poner los pies sobre la isla deshecha.
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