Dentro de las medidas de restauración y rehabilitación de ecosistemas costeros, los arrecifes artificiales representan una herramienta de ordenación y protección ecológica. Hay numerosos ejemplos a nivel mundial donde estas estructuras se han usado para realizar varias funciones, entre ellas la protección física de ecosistemas sensibles y frágiles, la adición o reposición de la complejidad de hábitat, la creación de nuevos sustratos y la sustitución de un recurso socioeconómico, entre otros
Los arrecifes artificiales se crean al hundir en el mar cualquier estructura construida por el hombre y que ya no tenga vida útil, la cual con el tiempo se convierte en parte del ecosistema local, ofreciendo paulatinamente un sustrato para la fijación y el refugio de numerosas especies de flora y fauna marinas, manteniendo y recuperando así la diversidad biológica. Además, esta practica promueve la investigación científica y la educación ambiental, a la vez que crea lugares alternativos de buceo, pesca y ecoturismo, reduciendo en gran medida la presión en los arrecifes naturales; incluso, origina un obstáculo artificial para la pesca ilegal en áreas naturales protegidas.
Para cuando se toma la decisión de hundir una embarcación en determinada área se realizan diversos estudios de factibilidad, esto con el fin de minimizar el impacto ambiental en la zona marítima y sus posibles consecuencias negativas.
Entre los estudios e investigaciones que se realizan, se toman en cuenta entre otros factores, si el lugar predeterminado queda ubicado en ruta de fuertes vientos, ya que no importa el tamaño de la embarcación, cualquier viento fuerte como tormentas y huracanes tienen la suficiente potencia como para mover la embarcación del lugar de hundimiento y afectar los corales naturales que se encuentren cerca.
Otras medidas a tomar en cuenta es la remoción de asbestos, hidrocarburos (combustibles, aceites) y otros contaminantes, y en el desarmado de cualquier elemento que contenga PVC’s, alumbrados y cableados.
Por otro lado, los arrecifes naturales están formados por el carbonato de calcio que producen los corales y otros organismos que se han ido acumulando capa sobre capa, por miles de años.
Son los ecosistemas más diversos del planeta, ya que hospedan a una de cada cuatro especies conocidas del océano. Estos se encuentran en grave peligro de sufrir deterioros y desaparición por las actividades humanas, entre las que se encuentran la pesca de arrastres y el anclado en zonas frágiles y habitadas por arrecifes de corales, además del buceo masivo y sin control.
Los arrecifes artificiales, hechos de gomas viejas, bolas y pirámides de concreto, entre otros materiales, constituyen una ayuda a los corales naturales, en especial cuando se ubican en las rutas de las embarcaciones que los deterioran con su paso, ya que sirven como barrera protectora e impiden su deterioro.
También se emplean los arrecifes artificiales para repoblar bancos de pesca sobre explotados o para la formación de nuevas áreas de peces, ya sea para el aprovechamiento comercial o para fines turísticos. Tal es el caso de los programas que en varios países como Filipinas, Venezuela o Estados Unidos donde las compañías petroleras financian ambiciosos proyectos de arrecifes artificiales para la repoblación de bancos de peces en zonas afectadas por la actividad industrial.
El hundimiento de un barco para destinarlo a ser convertido por efecto del ciclo natural del mar, es una idea que se realiza desde hace muchos años, llegando a contabilizarse en miles alrededor del mundo.
Javier Noguera es ecólogo, productor y locutor de radio y televisión
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