El ciclo Hidrológico o del Agua, es quizás el proceso natural más antiguo del planeta en el cual se trabaja la circulación del agua entre los distintos compartimentos de la hidrosfera.
Se trata de un ciclo biogeoquímico en el que hay una intervención mínima de reacciones químicas, y el agua solamente se traslada de unos lugares a otros o cambia de estado físico.
El agua de la hidrosfera procede de la desgasificación del manto, donde tiene una presencia significativa, por los procesos del vulcanismo. Una parte del agua puede reincorporarse al manto con los sedimentos oceánicos cuando éstos forman parte de litosfera en subducción.
Ya es sabido se acuerdo a los miles de estudios científicos realizados desde hace decenas de años que la mayor parte de la masa del agua se encuentra en forma líquida, sobre todo en los océanos y mares y en menor medida en forma de agua subterránea o de agua superficial (en ríos y arroyos).
El segundo compartimiento, por su importancia, es el del agua acumulada como hielo, sobre todo en los casquetes glaciares antártico y groenlandés, con una participación pequeña de los glaciares de montaña, sobre todo de las latitudes altas y medias.
Por último, una fracción menor está presente en la atmósfera como vapor o, en estado líquido, como nubes. Esta fracción atmosférica es sin embargo muy importante para el intercambio entre compartimentos y para la circulación horizontal del agua, de manera que se asegura un suministro permanente a las regiones de la superficie continental alejadas de los depósitos principales.
Todos los componentes que integran el ciclo hidrológico se encuentran precisamente amenazados por el calentamiento global, aun cuando parte de este ciclo es un componente mismo de su amenaza.
Y es que la energía que libera el agua así lo demuestra ya que esta procede de la que aporta la insolación. La evaporación es debida al calentamiento solar y animada por la circulación atmosférica, que renueva las masas de aire y que es a su vez debida a diferencias de temperatura igualmente dependientes de la insolación.
Los cambios de estado del agua requieren o disipan mucha energía, por el elevado valor que toma el calor latente tanto de fusión como de vaporización.
Así, esos cambios de estado contribuyen al calentamiento o enfriamiento de las masas de aire, y al transporte neto de calor desde las latitudes tropicales o templadas hacia las frías y polares, gracias al cual es más suave en conjunto el clima planetario.
Pero hay que recordar algo muy importante, y es que la tierra experimenta el proceso de calentamiento desde hace millones de años, incluso algunos geólogos creen que la Tierra experimentó un calentamiento global durante el Jurásico inferior, con elevaciones medias de temperatura que llegaron a 5 ºC.
Las investigaciones efectuadas por la Universidad Abierta publicadas en la revista Geology indican que esto fue la causa de que se acelerase la erosión de las rocas hasta en un 400%, un proceso en el que tardaron 150.000 años en volver los valores de dióxido de carbono a niveles normales. Posteriormente se produjo también otro episodio de calentamiento global conocido como Máximo termal del Paleoceno-Eoceno.
También hay que tomar en consideración la aceleración de este proceso por parte de la actividad humana a partir de la famosa revolución industrial, otros científicos señalan que existen investigaciones desde el comienzo de un registro histórico global de temperatura alrededor de 1860; o sobre el siglo XX, o los 50 años más recientes.
Siendo una u otras las razones, la señal es, que debemos actuar para minimizar el daño y la variación del ciclo hidrológico, teniendo en cuenta y estando cocientes que es vital para el mismo proceso de la evolución de los seres vivos en el planeta.
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