Cuando lo escuché por primera ocasión, me atrajo la atención de que se esté pensando en un marketing ecológico, pero, y siempre seguimos con un pero, ¿con qué propósito?
En la Cumbre de la Tierra en el año 92, varias organizaciones no gubernamentales nos planteaban en las reuniones de trabajo que había una tendencia al “engaño mercadológico” para continuar con las ventas de productos como los aerosoles que contribuyen al deterioro de la capa de ozono.
Este engaño consistía (y puede que continúe) en la colocación de un sticker o arte en el envase con una nota que decía: “este producto no daña la capa de ozono”, situación que perjudicaba a aquellos productos que sí cumplían las normas internacionales, como la eliminación de cfc’s en su contenido.
Ya luego de un tiempo transcurrido podemos citar al experto Rolando Arellano (2000), quien manifiesta que la aplicación del marketing en la gestión de una empresa en su entorno como estrategia competitiva nace precisamente gracias a la presión de los ecologistas por la escasez de los recursos naturales y por el impacto directo de las acciones de producción y de consumo.
Los antecedentes de este tema datan de hace mucho tiempo, específicamente en el informe Meadow del Club de Roma (1972), donde se señaló el riesgo de agotamiento de los recursos no renovables, la degradación del entorno y el crecimiento incontrolado del volumen de desechos.
Hay que tomar en cuenta la relevancia del rol del marketing y su impacto en la ecología, ya que constituye una garantía para la sociedad, porque no se puede afectar bajo ningún pretexto el medio ambiente, que a la larga es en donde habitamos y convivimos con los demás seres vivos y en donde su aire, agua, atmósfera, no pueden ser contaminados con la fabricación de productos que amenacen en un futuro a la generaciones de relevo.
Lo relevante de este tema es que la empresa analice a profundidad quée es lo que le ofrece al consumidor, qué es lo que éste demanda y a qué costo social, teniendo en cuenta sus aspectos de desarrollo.
Los ecologistas radicales indican que para elaborar los productos que demanda el mercado se deben usar los recursos de manera limitada, ya que esta producción genera un costo socioeconómico derivado de los altos niveles de polución, accidentes, menores recursos, contaminaciones, degradación de ecosistemas, amenaza de extinción de especies de flora y fauna, por lo que el impacto de cualquier producto sobre el resto de la sociedad debe ser considerado con un concepto socio-técnico - ecológico.
Las empresas por lo regular utilizan el marketing ecológico para impedir, disminuir y administrar la polución ambiental y se basan en el ecobalance, entendiéndose por éste el análisis del impacto de un producto sobre el entorno, desde su proceso de transformación, embalaje, promoción, distribución, condiciones de uso y eliminación o recuperación después de su uso, pero no siempre este concepto es 100% fiel al cumplirse en su proceso.
El daño más grande al medio ambiente lo generan los países desarrollados (que con sus autos y fábricas producen más del 80% de la producción del planeta), mientras se pide a los más pobres que sacrifiquen su desarrollo, debido a que los más ricos ya malograron su hábitat al momento de desarrollarse.
Parece justa la solicitud, algo así como: “No dañes el medio ambiente por tu desarrollo, ya nosotros lo hicimos”
Es por eso que en la actualidad los países más pobres deben obligar a los países ricos a pagar lo que se ha denominado un impuesto mundial para la ecología, es así como países como Perú, Bolivia y Brasil están realizando un cambio de deuda por ecología; es decir, que se comprometen a crear parques naturales a cambio de la condonación de un cierto monto de deudas con países ricos.
Esta práctica parece viable pero, ¿hasta qué punto se beneficia económicamente la sociedad? Los países pobres deben sacrificar su actividad comercial, empresarial, industrial etc., para preservar los recursos naturales que posee a cambio de la disminución de sus deudas, detalle que pone entre la espalda y la pared a cualquier gobierno que piense en un desarrollo socio-económico en base a la explotación de sus recursos naturales.
Falta saber si el marketing ecológico puede ser un aliado de las empresas dominicanas para su desarrollo y hasta qué punto están dispuestas a sacrificar el mismo, por el beneficio de las generaciones futuras.
Hay que considerar los principios que definen el concepto de productos verdes, reducción del producto y su embalaje, integración de partes recicladas en su diseño, minimización el impacto directo sobre el entorno, compuestos de materiales reciclables, eficiencia en el uso de energías y diseño para ser reparados o reciclados entre otros.
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