Domingo, 01 de agosto de 2010 | 12:38 am

Céntimos, centavos, peniques, cheles y… ¡mentas!

Sábado 06 de Febrero de 2010 Ibán Campo
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Donostia - San Sebastián, País Vasco, norte de España. Entro al bar Ganbara y pido un hojaldre de txistorra (especie de longaniza) y un txakolí (vino blanco "endémico"). “Cinco con 40 euros”. Le doy al camarero 10 y me devuelve 4.60. En el supermercado cercano a la casa de mi madre, compro varios productos y la cajera me dice: “36.64 euros”. Le entrego 40 y el cambio es de 3.36. Me llevo una camisa de 29.95 euros de una tienda del centro y en la caja me dan 5 céntimos de euro cuando pago con 30. Regreso a Santo Domingo con una carterita con varias monedas de uno, dos, cinco, diez, veinte y cincuenta céntimos de euro.

Oxford, Inglaterra. En el Turf Tavern, me sirven una pinta de cerveza. Cuesta 3.25 peniques. La vuelta es de 1.75 al pagar con cinco libras esterlinas. El conductor del autobús me entrega 10 peniques porque le doy dos libras y el billete vale 1.90. En el Museo de la Torre de la ciudad recibo 25 peniques de la cobradora de entradas al pagarle con cuatro libras tres entradas que valen 1.25 cada una. Añado a la carterita de Donosti otra que contiene monedas de uno, dos, cinco, diez, veinte y cincuenta peniques.

Nueva York, Estados Unidos. En un pub irlandés de la tercera avenida, pago con 20 dólares una comida que me cuesta 15.65. Junto a la factura me traen 35 centavos junto a cuatro dólares. En una tienda de la quinta avenida, le compro a mi esposa un pañuelo-fular. La cajera pasa la etiqueta del código de barras y en la pantalla de la registradora indica 22.45 dólares. Entrego 50 dólares y recibo 27.55. Una tercera carterita que guardamos en casa acoge monedas de uno, cinco, diez, veinticinco y cincuenta centavos de dólar.

Santo Domingo, República Dominicana. La factura de la luz es de 3,455.87 pesos. La pago con 3,500 pesos y me devuelven 45 pesos. Un poloshirt en rebajas cuesta 499.95. Pago con 500 y sólo recibo la factura. En el colmado, la cuenta de un chocolate y una botella de agua asciende a 89 pesos. Me devuelven 10 y el colmadero, muy campante me dice: “Le debo uno”. La cuenta del súper es de 1,356.62. Pago con 1,500 y me devuelven 140 pesos y cuatro mentas. Y así ocurre en otros lugares: bancos, restaurantes, bares, …. No tengo carterita con los llamados cheles. No circulan, aunque los precios los incluyen.

En nuestro país, día a día –salvo con raras excepciones donde el beneficiado es uno- nos quitan de “chin en chin”. Al final del año sus cuentas de ingresos aumentan y las nuestras registran un déficit. No conozco estudio alguno que haya medido lo que representa este trapicheo en términos económicos. Pero no he visto que alguien haya osado tomar acción para solventar esta situación cuyos montos económicos desconocemos. Hay una “subeconomía” monetaria cuyo valor sería interesante conocer. Pero, sobre todo, hay que buscar una solución para que todos, vendedores y compradores, tengamos las cuentas justas.

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Última actualización el Lunes 08 de Febrero de 2010
 

Si no hay dinero, no hay atención a los heridos

Domingo 31 de Enero de 2010 Ibán Campo
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El 12 de enero comenzó una peregrinación de heridos del terremoto de Haití a la República Dominicana. Unos llegaron por su propio medio. A otros los trasladaron en helicóptero y hasta en avión. La mayoría era de origen haitiano y nadie tuvo reparos en que llegaran a los hospitales dominicanos, hasta saturarlos, para darles atención.

No se midieron los costos de inyectarles, operarles, darles pastillas o jarabes, curarles o trasladarles a un centro donde ocuparse de ellos de una mejor manera. Sencillamente, estaban heridos y había que intentar salvarles la vida. Incluso muchos siguen aún en albergues o incluso en los hospitales para continuar con sus tratamientos.

Nadie se preocupó de quién iba a pagar por la asistencia médica y cuidados de todo tipo, incluida alimentación. La solidaridad no ha puesto precio en una República Dominicana a la que no le sobra de nada y le falta de mucho. Y por tierras dominicanas han pasado más de 15,000 heridos.

Estados Unidos, tras presentarse con aires de salvador de los haitianos en medio de la catástrofe y con un despliegue catalogado en diferentes sectores de invasión humanitaria, ha puesto peros a la atención médica a los heridos más graves del seísmo.

Si no se aclara quién pagará las facturas, no recibirán a nadie. No importa la vida, sólo si hay dinero para salvarla. Paradojas de la vida de una superpotencia cuyo sistema de salud ha sido ampliamente criticado y que ahora su presidente trata de cambiar contra viento y marea.


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Última actualización el Lunes 01 de Febrero de 2010
 


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