Sí, ya he pensado que si esto sigue así, seguro que hago una zanja. Este ir y venir por el mismo camino hace que sienta que ya es demasiado. Debo hacer un esfuerzo y esperar que pase, entre pasos y pasos, quizá una hora.
Lo intento, pero duele. Tomo agua. Me voy lejos pensando cosas sin sentido y de las que, sin saber por qué, ansío una respuesta.
Es probable que fuera una niña, cuando escuché por primera vez aquello de hacer una zanja. Frente a casa la calle se abría hacia adentro, por largos tramos, a merced de los trabajadores.
Sigo en esto de buscar respuestas que parecen inútiles. ¿Te imaginas que de verdad se hiciera una marca por donde andamos? No hay muchos, pero hay unos cuantos trechos en los que al menos agrieté el piso. Algunos resultaron en algo más que una grieta porque, mientras iba, otros pasos caminaban inversos sobre los míos…hacia mí.
Y ahora que vuelvo a coger la taza para beber agua, recuerdo aquel trayecto que dependía de cualquier excusa para caminarlo hacia ti.
Glenys González es periodista
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