Se trabaja mucho. La necesidad así lo impone. Por eso, no es raro que dejes esperando a alguien a causa de algún imprevisto que surgió al final de la jornada, o que de cuando en cuando los días libres desaparezcan porque debas adelantar asuntos laborales o tengas un compromiso con la empresa.
Es así, no un es secreto y es el ritmo de vida de todo el que tiene un empleo.
Pero hay que descansar. No han faltado los estudios que hablan de lo importante que es el descanso y las consecuencias que la ausencia de éste tiene para el cuerpo y la mente; para “el espíritu”. Uno repone energías, renueva células y hasta mejora la salud.
Pues bien, entre el descanso y el trabajo se tiene una vida; las familias se reúnen, los amigos fiestean, se asiste a reuniones y grupos (que uno libremente eligió) y así…y vuelve al descanso.
Hace mucho, cuando la ciudad no era un solo edificio por todos lados, pasando por una casa, vi un particular letrero en la puerta que decía: “En esta casa no queremos ser salvados”. Si alguien sabe dónde puedo conseguir uno, por favor, escríbanme.
Porque después de tanto trabajar, reunirme con la familia, con los amigos, con el grupo -religioso, musical, literario y todo lo que entre aquí- y que libremente he elegido. ¿Por qué creen los cristianos que deben salvar mi alma un domingo tan temprano en la mañana? Merezco descansar.
Aclaro: No tengo nada en su contra, es solo que me gusta el respeto.
Glenys González es periodista
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