Me acuerdo mucho y de todo. De la mañana dando vueltas en la tienda tras cosas imposibles solo para consolarnos el desasosiego, del árbol de mamón que crecía en el patio de la ferretería junto a las montañas de arena para empañetar; ese olor tan embriagante de la fruta que no me dejaba comerla en paz. Aquella vez que descubrimos que las multitudes me asfixiaban y andaba con la carterita azul cielo. De cuando caminar era la única opción y para que no pareciera largo el viaje, me comprabas una paleta de helado.
La brisa derretía el hielo tintado, se chorreaba y entonces, llegaba con manchas y gotas de color en la ropa; un nuevo estampado en cada salida.
Caminamos mucho, antes se podía y era necesario. El cuento de los tiros del 65, de la deserción, el camión lleno de maletas, del vendedor de biblias, del golpe con la sombrilla, el sacrificio diario, las goteras sincronizadas, las amanecidas, de las limonadas, la mitad del callejón con flores y la otra con verduras, el miedo y la ignorancia del pueblo…
Y entre todos los refranes, uno que nunca como ahora parecería sin sentido, tal vez por lo poco que valen los cien pesos y lo mucho que escasean los amigos. Si vieras lo cerca que está todo de todos y lo vacío que es el condenado ¡TODO! Es una lucha diaria; para hacerlo bien, quedar bien, vivir bien…no recuerdo ninguna frase ahora que me sirva para este entonces.
Glenys González es periodista.
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Comentarios (4)
Abrazos.
nos leduela la cabeza
alagador piropo encontrado en una canción de Leonardo Favio:'ding dong, din dong. Al interes del alma humana por intercambiar cultura a travéz de un libro de Neruda: 'Me gusta cuando callas'...