Pasó, por fin, el lunes. Acostarse temprano funciona; las imágenes y recuerdos de todo un día se van al dormir, al menos por unas horas. Luego amanece y ya: es martes.
Entonces, lo de ayer indiscutiblemente se ve con otra perspectiva, con otros ojos y hasta con mejor vibra. De hecho, algunas cosas hasta cambian su estatus en el nivel de importancia: llegaste cansada al final de la tarde y no había luz; no importa, eso fue ayer. Comiste mal, tienes hambre y no hay nada para preparar; no importa, eso fue ayer.
Después de un largo período de ausencia, una conocida te llama solo para contarte un chisme; no importa, eso fue ayer. Tus amigos fueron al cine y tú, por salir tarde de la oficina, te quedaste; no importa, eso fue ayer…
El apagón pone a pensar. Una de las reglas para olvidar personas o cosas en circunstancias muy específicas - seguro mucha gente sabe de lo que hablo-, es traer a la mente sólo las cosas negativas; así va saliendo de tu vida, aunque Marline diga que no, porque eso causa obsesión.
También una serie de acontecimientos que dejaron en tu boca un amargo sabor, muchos de los cuales no tuviste la culpa pasaron. Fueron ayer; hoy hay que empezar a olvidarlos.
Glenys González es periodista.
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