¿Qué hacer con tantas personas a las que los deficientes servicios de educación y salud no les permiten desarrollar sus capacidades, por lo que no pueden conseguir trabajos estables y bien remunerados?
¿Qué hacer con sectores que logran estudiar, prepararse, pero a los que la rigidez del mercado de trabajo les impide conseguir un buen empleo? Cualquier solución depende de un proyecto político, pero la política partidaria se ve como una fuente de empleo, donde ideologías y valores tienen poco arraigo y la reproducción material inmediata es el principal motivador de la activa participación de la gente.
Peliagudo y complejo el asunto. El clientelismo es un camino de doble vía. No es un monstruo cualquiera, es una hidra que tiene una base cultural, pero también otra social y material, que deben ser atacadas directamente y no con palabras, sino con hechos.
El clientelismo es de orden político, institucional, social y material, y también se relaciona a los valores. Se confunde lealtad y fidelidad con clientelismo.
Emplear un familiar incapaz en una organización pública, sea estatal o civil, es clientelismo y no lealtad. Y las ayudas a primos, hijos, hermanos y demás familiares son lo más generalizado en todas las esferas. Ahí nadie escapa. Para unos, ayudar a quien les apoya es lealtad, y apoyar a quien les ayuda es fidelidad, pero las ayudas las sacan de nuestros bolsillos.
Debemos estar claros: el clientelismo no es sólo cuestión de consciencia, cultura y nivel educativo; es mucho más. Remite a las formas de satisfacer las necesidades perentorias de gran parte de la población. Sí tiene una base material. El clientelismo tiene tanta fuerza porque su base material es la pobreza (más de la mitad de la población) y las deficiencias de las políticas sociales, en particular educación y salud. Hay que decirlo. Si no se ataca la base material del clientelismo, su reducción será casi imposible. Cómo atacar la base material.
Peleando por una política social universal: que nadie crea que para poder recibir un buen servicio público o beneficiarse de programas sociales, debe andar lamiéndole a un político esa parte donde la espalda pierde su nombre. El clientelismo es la célula de la conducta corrupta.
Es claro que las opiniones sobre cómo reducir el clientelismo no son exhaustivas, porque el espacio no lo permite; son sólo indicativas. El mensaje es que un fenómeno multidimensional debe ser atacado de modo multidimensional. La salida del hoyo negro clientelar demanda acción. Las elites políticas, sociales y económicas tienen excelentes propuestas para mejorar el entorno. En el país no hay problema de propuestas. Hay propuestas desde todos los ámbitos.
El problema es esencialmente de aplicación, ejecución, acción y sacrificio; el problema es que gran parte de las elites se benefician grandemente de este estado de cosas. Por eso, lo que se necesita es un proyecto político viable y un equipo confiable para su ejecución.
Ramón Tejada Holguín es ciudadano
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