Para evaluar el discurso de rendición de cuentas hay que estudiar el artículo 114 de la Constitución dominicana que dice: "Es responsabilidad del Presidente de la República rendir cuentas anualmente, ante el Congreso Nacional, de la administración presupuestaria, financiera y de gestión ocurrida en el año anterior, según lo establece el artículo 128, numeral 2, literal f) de esta Constitución, acompañada de un mensaje explicativo de las proyecciones macroeconómicas y fiscales, los resultados económicos, financieros y sociales esperados y las principales prioridades que el gobierno se propone ejecutar dentro de la Ley de Presupuesto General del Estado aprobada para el año en curso".
Quien evalúa debe observar si el Presidente habló de la ejecución de las políticas públicas durante el año, cómo se han invertido los recursos, cuáles han sido las principales dificultades a vencer, en cuáles aspectos se ha sido exitoso, en cuáles es necesario cambiar el rumbo y la forma en que se abordará el año en curso. Además, deberá analizar si los datos usados son confiables, producidos por fuentes legítimas.
Quien evalúa debe mirar el contexto nacional e internacional, porque influye en el tono y la forma en que la rendición de cuentas se debe ofrecer. Si la nación pasa por un momento difícil caracterizado por el incremento en artículos de primera necesidad, consumo excesivo de los muy costosos combustibles, denuncias de corrupción en importantes esferas del gobierno, malestar en la población e incertidumbre sobre el futuro, se espera que el discurso del Presidente sea duro contra la ineficiencia y la corrupción, reconforte el espíritu y contribuya a fortalecer la confianza en el futuro.
Quien evalúa no pide peras al olmo. La rendición de cuentas no es para que el Presidente de la República dirima situaciones partidarias, o propias de la competencia política. Es un discurso sobre su desempeño como jefe del Poder Ejecutivo y presidente de todas las personas dominicanas. No le toca hablar de reelección y proceso electoral en el solemne Congreso Nacional.
En un mundo en el que cada quien cumple su rol de manera institucional, sería labor de la oposición responder el discurso presidencial con un sopesado análisis de las ejecutorias del año, y no con la misma cantaleta de que el Presidente dijo lo mismo de siempre o admitiendo que no se enteraron de lo que dijo. La rendición de cuentas tendrá siempre la misma estructura, variarán las cifras, el año a evaluar y las medidas concretas que se propongan.
Tomando en cuenta lo dicho, mi evaluación del discurso presidencial es la siguiente: necesitábamos un discurso esperanzador, pero sincero, que no soslayara referirse a las dificultades por las que ha pasado la nación y las acciones para enfrentarlas.
El Presidente sólo observó una parte de la realidad, no habló de las obvias deficiencias de algunos ministerios y de la necesidad de reorientar las políticas públicas.
Al colocar el acento en los aspectos positivos, el discurso se evidencia como desconectado de la nación, poco realista, e incrementa la incertidumbre sobre cómo se enfrentarán los graves problemas nacionales.
Ramón Tejada Holguín es ciudadano
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