Muchas personas abominan de la política, la miran con malos ojos, como si fuera una cosa hedionda. Pero, para lograr una sociedad mejor hay que participar en la competencia política, tratando de que sean tomados en cuenta nuestros intereses como grupo y nuestras necesidades colectiva. A la juventud se le ha educado en el desdén por la política. Grave error.
La coyuntura demanda de una juventud con vocación democrática, interesada en la política y las cuestiones del gobierno. Lo que caracteriza la coyuntura es: 1. Los tres caudillos que han forjado –para bien o para mal– la nación nos heredaron una sociedad política proclive al autoritarismo; 2. Las instituciones políticas y sociales del país son frágiles; 3. La incapacidad que demuestran muchos de los políticos y muchas de las políticas para construir renovados liderazgos abiertos a la competencia política en función de reglas del juego claras; 4. El deseo de quienes logran llegar a la cima de los partidos políticos de rodar la rueda hacia atrás, hacia la época desaparecida de los caudillos de la tímida democracia dominicana.
Se demanda que la nueva generación asuma una ciudadanía activa, que participe en organizaciones políticas y civiles, que se arme de análisis desapasionados de la realidad, que exijan ser bien gobernados, que pidan transparencia de la gestión pública, que aspiren a puestos electivos y hagan saber que la República Dominicana no es la tierra de los privilegios para unos cuantos que ostentan el poder económico y político. Hoy más que nunca necesitamos jóvenes de ambos sexos flexibles, capaces, proactivos, que practiquen la democracia y la transparencia en los hechos.
Las organizaciones políticas, sociales y económicas no son independientes de quienes las componen. Para lograr instituciones que cumplan con el rol de ser constructoras de la democracia, necesitamos de personas dotadas de las mismas características: democráticas, flexibles, transparentes y proactivas. Necesitamos de auténticos y auténticas ciudadanos y ciudadanas que exijan sus derechos, pero que cumplan con sus deberes.
La República Dominicana sobrevive en una coyuntura difícil, con una merma considerable de la capacidad de movilización e influencia de las organizaciones de la sociedad civil. Y lo peor no ha pasado, por el contrario se observa el devenir de una coyuntura que demanda la reflexión profunda y sistemática sobre el sistema político, y la participación activa de la mayoría.
Bien harían las organizaciones políticas y civiles en promover procesos educativos, tanto dentro del sector formal como informal, que estimulen la participación política de esa juventud dominicana que ha quedado perpleja ante el mundo que ha heredado, que de entrada rechaza lo que ve, pero no ha logrado saber lo que desea. El autoritarismo será el más beneficiado de la forma en que excluimos esa generación que se avecina.
Ramón Tejada Holguín es ciudadano
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