Un especialista en la materia me informó que en Dominicana no se resuelven alrededor del 90% de los casos de sicariato. Y lo peor -me dijo- es que muchos pasan desapercibidos, pues generalmente sólo se conocen aquellos donde son varios los asesinados, o cuando el hecho se presenta en un lugar público. “Pedro, aquí se cometen diariamente crímenes por encargo relacionados con el narcotráfico, reconociendo que algunos tienen que ver con negocios aparentemente legales y con asuntos pasionales”, me expresó.
Le pregunté sobre cuáles eran las características de nuestros sicarios, pues cuando las autoridades atrapaban uno y presentaban su rostro, observaba que eran personas jóvenes, que aparentemente mataban por cheles para comprar drogas, que no eran “profesionales” en su labor. “Pedro, puntualizó el amigo, si bien es cierto que existen sicarios torpes, que parecen novatos, muchos de los que son apresados, con sus caritas dizque inocentes, cuentan con decenas de muertos, son reales demonios en las calles, matan sin compasión, fríamente, porque como viven endrogados, ya no tienen consciencia de lo que hacen; estos sicarios, además, cometen otros actos delictivos y desde que amanece esperan una oportunidad para hacer daño, son los que matan para robar un celular, son los que asaltan para llevarse un motor... ”.
Confieso que me sorprendí con esa revelación, aunque mi mayor impacto surgió cuando expresó que nuestros organismos de seguridad sabían de dominicanos que se han entrenado como sicarios en el exterior, donde hay escuelas para tales fines, lo que complicará la batalla contra este fenómeno otrora impensable entre nosotros, pero ahora convertido en nuestro pan de cada día.
Otro problema -resaltó el experto- radica en que nuestra frontera con Haití es tierra de nadie, donde no hay controles para nada, por lo que se hace fácil la entrada ilegal a nuestro país de extranjeros de todo tipo, incluyendo sicarios y traficantes de drogas y de armas, quienes luego de cometer el hecho de sangre o sus turbios negocios escapan sin dificultad por el mismo lugar por donde entraron.
“A esto se agrega que a los narcotraficantes dominicanos que servían de puente para llevar drogas a Europa y a los Estados Unidos, les pagaban antes en efectivo y ahora les pagan en naturaleza y esa droga se queda y se vende aquí, surgiendo grupos que se matan por controlar los puntos de drogas y eso aumenta los casos de sicariato”, me señaló.
Al final de la conversación le pedí que sugiriera algo para evitar ser víctima de un sicario y me contestó: “Pedro, es sencillo, que nadie haga lo indebido ni se junte con personas que anden por malos caminos”.
Pedro Domínguez es abogado
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