Los peledeístas debemos votar el próximo domingo, donde elegiremos a nuestro candidato presidencial. Para nosotros, participar en el proceso interno es tan importante como votar en las elecciones nacionales.
Son dos compromisos solemnes, donde el futuro de la patria y el porvenir de nuestra organización están en juego. Y es que se encuentran entrelazadas nuestra enseña tricolor y la bandera morada con la estrella amarilla.
Es la unión de los Juan: Juan Pablo Duarte y Juan Bosch. El 26 de junio debemos acudir a la cita. No hay excusas para quedarnos en nuestras casas, rascándonos la barriga, con la cara larga y el espíritu decaído, como si fuésemos seres sin principios, sin dignidad, sin honra. No hay razones para ser pasivos, como si en un santiamén nos convirtiéramos en vagos políticos, en personas incoloras e insípidas.
Así no nos criaron. Nos enseñaron a estar siempre de pie, firmes, venciendo obstáculos. Ser un espectador nos convertiría en un mal ejemplo para la comunidad, para nuestra familia, para nuestros compañeros y para todos aquellos que nos han visto durante años defender una causa en la que creemos y por la que nos hemos sacrificado.
Además, si nos quedamos sentados, los contrarios se burlarán de nosotros, nos señalarán con el dedo, muertos de risa, diciéndonos sin tapujos: ¡Este es un cobarde, mírenlo, es un cobarde, ni fue a votar, caramba, y tanto que hablaba! Y para colmo, nuestro liderazgo, grande o pequeño, disminuirá estrepitosamente, si es que no desaparece, pues no tendremos moral para motivar a los ciudadanos a que nos sigan en el año 2012.
Es tiempo de ánimo, de entusiasmo, de alegría, de esperanza, de renovar nuestro compromiso con el bien común (que en ocasiones hemos incumplido), de saber que tenemos muchos retos por delante que necesitamos asumir con responsabilidad.
No podemos fallarle a un pueblo que ha confiado en nosotros y que espera más de ti y de mí, no importa que estemos o no en el Gobierno, que para servir no se requiere estar en una función pública.
Dormirnos el 26 de junio, escuchen bien, es allanar el camino a la pesadilla. Reviviríamos un pasado que no queremos ni debemos permitir. Seríamos culpables de darle paso a la improvisación, al desorden, al populismo barato, a la muerte de nuestra fe en un mejor país.
En el PLD hay más luces que sombras, más virtudes que desenfrenos, más gente buena que lo contrario.
Y sin negar que debemos cambiar algunas conductas, somos la fuerza política con mejores intenciones para el país. Votemos el 26, que un PLD sólido es una garantía de triunfo en el 2012 y, en consecuencia, de avance como nación.
Pedro Domínguez es abogado
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