“El Túnel” de Ernesto Sábato y “Crimen y Castigo” de Fedor Dostoievski, fueron libros que marcaron mi juventud. Continué leyendo del argentino “Sobre Héroes y Tumbas” y “El escritor y sus Fantasmas”. Recientemente murió Sábato y me dolió tanto como la partida de Mario Benedetti.
Hace tiempo le comentaba a Dionisio López Cabral, el exquisito poeta de Santiago, también fallecido, que entré al maravilloso mundo de las musas gracias a Pedro Henríquez Ureña, quien había publicado lo que consideraba cien de las mejores poesías de la lengua castellana, cuyo contenido casi me sabía de memoria.
Luego llegamos a Sábato y me señaló que éste sentía una profunda admiración por nuestro Pedro Henríquez Ureña. La conversación no pasó de ahí y continuamos con otros temas. Me quedé con la curiosidad, la cual fue satisfecha cuando el pasado lunes recibí un interesante artículo de José Gómez Cerda, titulado “Ernesto Sábato y Pedro Henríquez Ureña”.
Nos expresa Gómez Cerda que Ernesto Sábato tuvo como profesor de lenguaje a Pedro Henríquez Ureña, a quien luego citaría como inspiración para su carrera literaria. Cuando lo conoció, le preguntó: "¿Por qué, don Pedro, pierde tiempo en estas cosas?", a lo que el maestro replicó: "porque entre ellos (sus pupilos) puede haber un futuro escritor".
En un programa televisado en España, en 1977, Ernesto Sábato indicó que Pedro Henríquez Ureña fue un gran humanista, a pesar de haber nacido en un pequeño país como Santo Domingo; fue un gran maestro, un modelo de maestro y de latinoamericano. “El nos enseñó a buscar la palabra justa, a rehuir el purismo académico y la novedad estúpida, a hablar correctamente el castellano, nos enseñó el misterio y los matices del castellano, donde cada hombre debe hablar con su acento regional, pero todos el mismo castellano.
En 1999, al recordar su época universitaria, dijo: “Se me cierra la garganta al recordar la mañana en que vi entrar a ese hombre silencioso, aristócrata en cada uno de sus gestos que con palabra mesurada imponía una secreta autoridad: Pedro Henríquez Ureña.
Aquel ser superior tratado con mezquindad y reticencia por sus colegas, con el típico resentimiento de los mediocres, al punto que jamás llegó a ser titular de ninguna de las facultades de letras”. A Henríquez Ureña, continuó Sábato, le debo mi primer acercamiento a los grandes autores y recuerdo su sabia admonición: “donde termina la gramática empieza el gran arte”, porque no era partidario de la concepción purista del lenguaje.
Rindamos tributo a estos dos seres excepcionales de la literatura hispanoamericana. También agradezco a Gómez Cerda por su aporte para que se conozca mejor la relación entre Ernesto Sábato y Pedro Henríquez Ureña.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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Comentarios (1)
Vale la pena nutrir al lector con cosas instructivas y menos politica barata