Noto que la sociedad dominicana está despertando, como si ya entendiera que tanto dormir le ha provocado más pesadillas que agradables sueños. Percibo algo interesante, que por brillante nos obliga a abrir los ojos, que por melodioso nos invita a levantarnos de la cama y marchar. Me fascina sentir esta sensación.
Ojalá no sea falsa. Ojalá no sea apenas un deseo. Ojalá no me engañe inconscientemente. Y lo que olfateo es que este cambio en la población ha surgido de manera espontánea, natural, silvestre.
Y esta conducta con pretensiones de masificarse, no es dirigida y mucho menos inspirada por los liderazgos nacionales, por las instituciones sonoras, por los medios de comunicación o por los periodistas de incidencia.
Lo que nos va uniendo son las ideas, las metas, los nobles propósitos. Y eso sí que es fuerte, pues es algo que nace y se desarrolla dentro de nosotros mismos, en nuestro tuétano. Somos nosotros los únicos protagonistas de este resucitar que aspiro que pronto abarque a la mayoría.
Y digo resucitar porque nuestras ganas de luchar estaban muertas, producto de tantas patadas desde arriba. Por los siglos de los siglos nos han golpeado duro, sin compasión. Nos han humillado. Nos han mentido a la franca. Se han olvidado del bien común. Todo para unos pocos, migajas para el resto. Nos han considerado cretinos, bobos, olvidadizos, incapaces de reclamar nuestros derechos.
¡Hemos sido cadáveres sin darnos cuenta, creyendo que vivíamos simplemente porque se nos permitía respirar! Ya empezamos a asombrarnos de lo mal hecho. Es un avance. Ya nos inquietamos por las injusticias y las ilegalidades.
Estamos colocando la apatía a un lado. Casi en un santiamén estamos dejando de ser conformistas, indiferentes con lo negativo e incluso con lo positivo. Ya no queremos ser masoquistas, pues eso de sufrir no debe ser parte de nuestra sangre caribeña. Anhelamos vencer al miedo y nos estamos animando a luchar, a salir a las calles, a exigir lo que nos corresponde y merecemos.
Y no estamos por soportar que desde el poder, también por los siglos de los siglos, se meta la pata, y en el peor y no extraño caso, además la mano.
Y al poder hay que exigirle con ganas y responsabilidad, porque en caso contrario sus brazos se cruzan y se congelan. Al poder no se le debe dar excusas para que sea pasivo, que en países como el nuestro el poder solo camina si lo empujan, y no siempre.
Estoy contento. Imagino que el reclamo del 4% para la educación ha sido el detonante de todo esto. Que este renacer colectivo continúe con más fe. Y espero que mi percepción sea cierta.
Pedro Domínguez Brito es abogado
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)