Hola amigos. Lean esta carta. Como aborrezco la cultura, hoy me siento feliz. Mi alegría es porque acaban de quitarle la asignación a tres símbolos culturales de Santiago: La Alianza Cibaeña, Casa de Arte y Las 37 por Las Tablas.
Ya se embromaron los torpes que aman la cultura. Felicito a los responsables de la feliz idea de ahogar económicamente a esas instituciones. Si los propulsores fueron congresistas, aplausos del alma; si fueron del Ministerio de Cultura, honra eterna. ¡Eso es hacer patria!
La Alianza Cibaeña, una cosa viejísima, con 125 años, acoge diariamente a decenas de estudiantes y gente que busca instruirse. La mayoría es pobre y esos no tienen derechos fundamentales. Hasta Balaguer leía allí. Ese mal ejemplo de erudición hay que evitarlo. La ignorancia ha de primar en nuestros corazones. Que los muchachos se queden en sus casas viendo televisión o que consuman drogas, que eso es lo que debemos promover. Y si alguien anhela publicar un libro o participar en concursos de cuentos y poesías, que no haga nada, que no habrá Alianza Cibaeña para esas necedades.
¿Y Casa de Arte? ¿Qué es eso? ¡Gran cosa que insignificantes como Juan Luis Guerra, Víctor Víctor y Luis Días hayan pasado por allí! Hasta un torpe poeta llamado Dionisio López Cabral no salía del lugar. Es cierto que han celebrado un festival llamado Arte Vivo, donde durante varios días en Santiago se respira arte y cultura de calidad, pero eso es una tontería. ¿Acaso el pueblo come con arte y cultura? Es mi esperanza que el local de Casa de Arte se incendie o lo declaren de utilidad pública para construir un car wash.
De Las 37 por Las Tablas ni hablar. Ahí lo que viven es haciendo teatro, donde se aprende a actuar como Dios manda, y también se practica danza, se incentiva la pintura y la literatura y se celebran excelentes espectáculos musicales. Y lo peor es que es visitado por mucha juventud que desea aportar para tener un mejor país. Son unos malcriados idealistas. ¡Wácala, que se queden brutos! Espero que no se salven ni en tablitas.
Total, y hablemos claro, ¿para qué sirve la cultura? Pues, para nada, señores. Y eso que individuos mediocres como un tal José Martí escribe dizque “La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la república y el remedio de sus males es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”. ¡Qué disparate!
Vamos bien. La ciudad de Santiago no merece apoyo para educarse, ya es suficiente que algunos sepamos leer y escribir un chin. ¡Abajo la cultura, caramba! Hasta la próxima, amigos. Atentamente, El Cretino.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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