No os confundáis con “Debo partirme en dos”. Es el título de una canción de Silvio Rodríguez, inspirada en las críticas que le hacían dizque porque cantaba cosas indebidas, de carácter social y revolucionario.
El coro de la canción es pueril, quinceañero: “Te quiero, mi amor, no me dejes solo. No puedo estar sin ti, mira que yo lloro”. Y luego afirma que ser decente es fácil, como complacer a los niños y a los amantes del ritmo.
Pero en el fondo nos enseña que la vida es algo más allá que andar complaciendo a quien todo tiene y solo le falta felicidad, que es un compromiso con el prójimo, que es un incomodarse frente a las injusticias, que es un cumplir con nuestro deber a toda costa. Y nos deleita con esta estrofa: “Pero me fui enredando en más asuntos y aparecieron cosas de este mundo: ‘Fusil contra fusil’, ‘La canción de la Trova’; y ‘la era pariendo’ se puso de moda”.
Confieso que cuando escribo me invade una guerra interna: o ser complaciente con determinados lectores y hasta con el status quo, o expresar soberanamente lo que medito en mis escasos momentos de soledad, plasmando en letras firmes lo que siento, en una sociedad sin rumbo, sin pasado, sin presente y sin futuro (no sabemos de dónde vinimos, dónde estamos ni a qué lugar vamos), donde la vocación de servicio tiene cáncer terminal, agonizante en su moral, donde el ser contestatario o libre pensador se interpreta como absurda rebeldía, como necedad del manganzón, como complejo del patito feo, como frustración del que ha fracasado, como estulticia de un idealista sin causa.
Por ejemplo, es cómodo escribir sobre temas faranduleros. Que fulanita se casó con sutanito, y que la boda fue espléndida, donde se gastaron millones de pesos; que hay un chisme wao entre dos presentadoras de televisión, porque una le quitó el novio a la otra. También es agradable el deporte, donde hasta las noticias fuertes parecen de feria. Que Luis Polonia “le entró” a las Águilas Cibaeñas, que Chanlatte está “dándole funda” al Comité Olímpico Dominicano… Y eso que el deporte es muy serio.
Por ello, en mis artículos “debo partirme en dos”, tal vez por sobrevivencia, tal vez para no nadar contra la corriente. Y en eso los articulistas casi tenemos una complicidad colectiva. A nadie le disgusta cuando escribo de cábalas, de la importancia de hablar plepla, de mi torpeza para aprender inglés…
Y es precisamente por “estarnos partiendo en dos”, que estamos tan mal, pues no luchamos por lo que creemos. Y tú, yo, él, nosotros, vosotros y ellos, somos culpables. Y ni Silvio se salva.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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