En estos días he tenido muy presente a la familia Hernández Guzmán, especialmente por la muerte de José María, esposo de doña Sonia, compañera de universidad de mi madre y padre de Iván, un buen amigo, persona de bien, íntegro y ejemplo a seguir.
Y he pensado sobre todo en doña Renée Klang de Guzmán, la que me ha inspirado a hacer este breve artículo sobre cuatro recientes primeras damas dominicanas.
Si la memoria no me falla, doña Renée, siendo Primera Dama, visitó en El Vaticano a Su Santidad Juan Pablo I y por esa misma época lo hizo la Primera Dama de México.
Cuentan las crónicas de la época que doña Renée, la eterna Primera Dama como la llamaba el siempre recordado don Rafael Herrera, dejó en el ambiente una extraordinaria impresión por su inteligencia, sencillez y humanismo. Ocurrió todo lo contrario con la hermana azteca. Eso se supo poco en nuestro país.
Todavía, a pesar de sus años, esta noble dama camina tranquila por las calles de Santiago, dejando por doquier sentidas muestras de respeto y cariño. Hoy está algo enferma, confiamos en Dios que mejore pronto. Ya está en su casa, luego de pasar algunos días internada. Su presencia perfuma el ambiente, como una flor que expande su esencia en cada rincón de su entorno.
Luego vino doña Asela, la compañera de Jorge Blanco. Su partida fue lamentable, luego de años de luchar contra la enfermedad que la abatía. Fue una mujer leal, que estuvo siempre al lado de su marido en las buenas y en las malas, soportando valientemente ataques, improperios y odios. Excelente madre. Nunca ofendió a nadie y desde el poder se manejó con prudencia, entregada a nobles causas.
Continuamos con Doña Rosa, la esposa de Hipólito, quien es digna de admirar. Es una mujer de fe, firme, sabia como pocas, sin perder la alegría que pudo marchitarse desde una posición tan delicada como la de ser Primera Dama. Conversar con doña Rosa, es sentirse en paz y armonía. Es lo que refleja y es. Es la abuela que anhelaría tener todo nieto, es la consejera que requiere todo ser impetuoso.
Por su parte, doña Margarita, la actual Primera Dama, ha dado muestras de tener luz propia, de pensar en proyectos relacionados con el bien común, y su trabajo es excelente, teniendo grandes dotes de liderazgo y aplaudible capacidad de administración. Las cosas que hace tienen altura, decencia, transparencia. Sin dudas, su presencia ha sido un buen soporte para su esposo, Leonel.
Como dominicanos, debemos sentirnos orgullosos de estas cuatro primeras damas que nos honran con el sólo hecho de mencionarlas.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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