Nos fascina anunciar modificaciones de leyes y no de injustas realidades, ya lo hemos visto con el Código Procesal Penal y ahora con el Código del Menor.
Desde que el mundo es mundo, hay niños y jóvenes cometiendo fechorías, sean simples robos o asesinatos.
Como es natural, esto nos impresiona, pues resulta difícil imaginar a un menor de edad maquinando un asalto o planificando la muerte de alguien. “Esas malas conductas son propias de los mayores”, pensamos.
A esto se agrega un fenómeno de la época actual: muchos menores razonan o actúan como adultos. “Están creciendo muy rápido”, diría mi abuela.
Esa brecha generacional de antes ya no existe. Incluso, no son pocos los adolescentes que tienen más conocimientos que sus padres y hasta que sus maestros. En el campo de la tecnología se nota con frecuencia.
Pero, a pesar de estos cambios, los menores necesitan protección de todo tipo, en especial legal. Se presume que un niño o un joven no tiene plena conciencia de lo que hace, independientemente de que haya excepciones.
Son manipulados con facilidad y todavía no tienen claridad para diferenciar en determinadas circunstancias lo que está bien y lo que está mal. Por ello se promulgan leyes que amparan a este conglomerado que se estima débil, indefenso. Una de ellas es el Código del Menor, también llamado Código de Niños, Niñas y Adolescentes o Ley 136-03.
Recordemos que el Código tiene como objeto garantizar a todos los niños, niñas y adolescentes que se encuentren en el territorio nacional el ejercicio y el disfrute pleno y efectivo de sus derechos fundamentales. Para tales fines, define y establece la protección integral de estos derechos regulando el papel y la relación del Estado, la sociedad, las familias y los individuos con los sujetos desde su nacimiento hasta cumplir los 18 años de edad.
Se dice con frecuencia que gracias a que se encuentran protegidos por la ley, muchos niños, niñas y adolescentes se comportan como puros maleantes, o son utilizados por los adultos para cometer crímenes, porque las condenas que reciben son de poco tiempo, si es que no salen en libertad de inmediato. Destaquemos que en la actualidad la pena máxima para un menor es de cinco años, aunque haya cometido un delito “horrendo” y éste tiene la posibilidad de salir con libertad condicional a los dos años si exhibe buena conducta.
“Ese Código no sirve”, se escucha a diario decir a la gente en la calle o en los medios de comunicación.
Existe la percepción equivocada de que si las penas son más severas, habrá menos delincuencia entre los menores. Continuaremos la próxima semana analizando el tema.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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