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Meditaciones desde ultramar

Miércoles 07 de Julio de 2010 Pedro Domínguez Brito
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Cuando leo o escucho a alguien denostando a otro me siento incómodo. Mis oídos se estremecen y trato de apartarme del acusador. Las lenguas dañinas perturban la paz de quien está a su lado.

Sé que una palabra de aliento puede ser positivamente determinante en el futuro de alguien, al igual que una frase de odio puede atrofiarle el porvenir. Trato de ser cuidadoso al expresarme.

Quizás sea por los años que invaden mi cuerpo, lo cierto es que mientras más envejezco,  menos trato de juzgar la conducta humana, salvo que sea para algo agradable, que promueva el bien y el desarrollo del receptor.

Uno aprende que ninguna verdad terrenal es absoluta, y que ser radical sólo afecta nuestro buen juicio y perjudica nuestra tranquilidad.

Debemos respetar las diferencias accidentales que todos tenemos, que por el hecho de ellas existir nadie es superior a nadie.

Hace tiempo fui juez de los tribunales de la República. Cuando me llegaba un caso, trascendente o no, pensaba: ¿Y quién soy para establecer cuál de las partes es culpable o inocente? ¿Acaso tenía condiciones extraordinarias para en un santiamén certificar de qué lado estaban los principios? ¿Y si me equivocaba?

Sabía que mi decisión podía ser determinante en la vida de un trabajador y de su familia, o que tal vez era el motivo para que un pequeño negocio quebrara, sufriendo así el empleador y todos los que dependían de él. En mis manos estaba el futuro de muchos. Sólo trataba de cumplir mi deber, a sabiendas de que podía fallar, pero siempre actuando de la mejor buena fe, que eso es lo importante en la vida.

Lo triste era que en ocasiones imponer la ley no necesariamente implicaba aplicar justicia, pues un tecnicismo derrumbaba los argumentos de quien yo creía que tenía la razón, lo que era aún más doloroso. ¡Cuántas veces me encontré obligado a condenar a una persona noble e inclinar la balanza a favor de un farsante!

A pesar de estas meditaciones jurídicas y filosóficas, las que trataba de llevar a la práctica, sé que cometí errores, sé que hubo casos en los cuales, luego de analizar todo con detenimiento, concluía que mi sentencia no fue la adecuada. Y eso me llegaba hondo, a pesar de que siempre busqué tener un caparazón en mi corazón.

Por ello prefiero evitar a los se consideran superiores, a esos que juran que lo que expresan es palabra de Dios, aunque lo hagan con buenas intenciones, porque de autoengaños está repleto el mundo.

Seamos humildes y tolerantes en nuestras misiones, y seamos prudentes al juzgar al prójimo, pero firmes al hacerlo con nosotros mismos.
Pedro Domínguez Brito es abogado

Comentarios (6)

latitud y Longitud
Cuerpo sano en mente sana...lema con que tradicionalment e se ha promovido la paz en procura de armonizar la sociedad y su contexto. De su articulo se desprende un sentimiento de tristeza en el ejercicio de la judicatura por las eventualidades tecnicas...,no abstante se contagia uno de la alegria esperanzadora que brota de su exposicion, por el animo de que prevalezca la justicia...quizas seria un tema de estudio para que las formas y el fondo se conjuguen en pro de la razon y la justicia...
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Juan Peralta
pero pudo mas su obligación como jurista y como abogado defensor fue a juicio y ganó el caso. Con esto quiero solamente dar un ejemplo de que es deber de los que representan la ley de exponer su caso sin importar si parece justo o injusto. La evidencia es la que habla. No se sienta mal Señor Brito, usted solamente hacía su trabajo. Y sin querer ofenderle, pienso que siempre habran aquellos
que juzgaran sin pensar que también un día seran también juzgados. Si no le gusta el fuego no cocine.
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Juan Peralta
Recientemente estuve viendo un programa que relata la vida de quién fuera uno de los presidentes de los Estados Unidos y uno de la personas responsables de la Constitucion norte ameicana fuera hecha una realidad por los años 1770 en adelante, John Adams. Este hombre era abogado, y como tal le tocó defender a un grupo de soldados britanicos que durante "La Masacre de Boston' origino la perdida de vidas de dos personas. Defender estos soldados no era fácil y en contra de su propia gente.........
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Luis Sierra
Pedro después que tu hermano Francisquito se metió en cargos públicos a ti te ha ido muy bien, eh. Todos lo comentamos aquí en Santiago.
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Tio Andres
Pedro diste en el clavo
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