En los periódicos, generalmente, la sección deportiva es la que tiene más páginas, simplemente porque es la más leída, y es la primera que se pierde cuando en un rinconcito guardamos algún diario dizque para hojearlo luego.
También en la pantalla chica existen más programas deportivos que políticos o faranduleros. Igual ocurre en la radio. Hay más cronistas deportivos que de arte o de cocina.
En las esquinas se discute más sobre deportes que de otra cosa. Y, para colmo, tenemos más bancas de apuestas deportivas que escuelas y colegios.
El deporte une a las personas y a los pueblos. En el escenario se enfrentan negros y blancos, indios y amarillos, musulmanes y judíos, católicos y ateos, ortodoxos y budistas, capitalistas y comunistas… Allí todos son iguales, y triunfa el mejor, el que se esfuerza, el que se entrega con amor, el que combina las individualidades con el trabajo en equipo.
Por ello, todo evento importante del deporte me llena de alegría, como son los Juegos Olímpicos, los Panamericanos o Centroamericanos o el Clásico Mundial de Béisbol. Y confieso que disfruto viendo gimnasia o judo, aclarando que conozco de esas disciplinas un “chin” más que del Arameo, la lengua que hablaba Jesús.
Pero como estamos en fútbol, al menos allí sé lo que es un gol, y sé que una chilena no es un arma de fabricación casera; pero, por ejemplo, aunque me lo han explicado un montón, todavía no tengo idea de cuándo se determina que un jugador está fuera de lugar, al igual del porqué quien hace el saque de banda debe estar sembrado en el campo y no puede dar ni siquiera un brinquito.
Hoy el fútbol es el protagonista en los cinco continentes. Este mundial me tiene emocionado. Soy todo un hincha tamborileño. Desde hace tiempo, no me pierdo ningún partido, no importa el país que juegue. Y me fascina cómo lo narran en Dominicana, donde hasta los criollos tienen un acento sudamericano, porque sería fatal y hasta patético eso de comentar un partido de fútbol a lo cibaeño.
Mi gracioso consuelo fue escuchar a una compañera de trabajo, que cuando le dije con aire de sabiduría que el árbitro puso en el juego una tarjeta roja, me reprochó: “Pedro, deja de hablar de política, que eso fue lo que le sacaron a los reformistas en las pasadas elecciones, porque apenas ganaron un senador”.
¿Mis favoritos? La Argentina de Borges y de Facundo, el Brasil de Lula y de Caetano, la España de Cervantes y de Serrat, el Uruguay de los guaraníes y de Benedetti y la Portugal de Vasco de Gama y de Saramago.
Pedro Domínguez Brito es abogado
Comentarios (1)