Jordi, verás, sentí un escalofrío en el alma cuando me enteré que manos cobardes y corazones luzbélicos intentaron matarte, como si fuera sencillo aniquilar con dos disparitos las ideas, los principios, los valores. ¡Qué estúpidos son! Esos perversos no saben la trascendencia del pensamiento, de la obra, de la acción. No hay cañón ni bomba atómica que pueda con ellos.
Jordi, verás, los que halaron el gatillo ni idea tienen de lo que es vivir con dignidad. El digno es libre, está en armonía con su conciencia y emprende vuelo sin pedir permiso, pues el cielo siempre está despejado y si aparece alguna nube gris a su paso, la misma se disipa voluntariamente en señal de respeto. Mientras los que te dispararon y quienes les ordenaron que lo hicieran tienen en las alas toneladas de hierro que los encadenan al lodo, donde hasta para arrastrarse tienen dificultades porque sus caminos carecen de luces.
Jordi, verás, los depravados tampoco saben de estirpe, de esa sangre con certificado de gallardía en cada vena y arteria, que no se coagula ni se destiñe frente al deber, que bombea con fuerza cuando de asumir responsabilidad se trata.
Jordi, verás, los pigmeos morales desconocen que hay razas inmortales, hombres y mujeres que desde una panadería hasta una presidencia nacional dejan huellas positivas, pues son protagonistas en el bien, en el servicio, en el amor a la patria, en el compromiso de luchar a favor de los más necesitados.
Jordi, verás, ahora me dirijo a ti en términos personales, como si fuese un secreto entre tú y yo. Te haré una exigencia. El destino nos ha colocado en vías parecidas. Eres mi compañero en el Semanario Católico Camino, donde nuestros escritos se encuentran con frecuencia, al igual como ocurría en el periódico La Información.
El padre Dubert, quien fue director durante años de ese importante medio, te admiraba mucho y me decía: “Ese Jordi tiene talento”. También ambos laboramos en la televisión santiaguense, aunque tú profesionalmente y yo como todo un lego. Y para colmo, los dos somos abogados y nuestras oficinas están en la misma calle.
Jordi, verás, por ese aprecio que te tengo, espero que cumplas tu promesa de publicar tus excelentes artículos, lo cual hace tiempo me juraste que harías. Cumple buen amigo, que no descansaré hasta que lo hagas.
Jordi, verás, vivirás, servirás, amarás, leerás, hablarás, compartirás, que eso no lo evita nadie.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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Comentarios (4)
conoci a Jordi en la clase de Ingles en un instituto de Santiago,no es un santo pero tiene el aura de la humildad y compartir con el y ese grupo durante seis meses fue una de mis experiencias mas agradable,espero que no haya miedo para decir quienes fueron lo que se pasaron de la raya,no podemos seguir permitiendo impugnidad y lo peor es vivir con miedo.
Ademas de DIOS ,otros secretamente te protegeremos.
Un abrazo calido, Jordi..quien vera!!