Algunos me tacharán de anticuado, otros que desconozco a las nuevas generaciones, y los más osados me acusarán de retrógrada. Me tiene sin cuidado, sé quién soy.
Que digan lo que digan luego de expresar que me preocupa y me desagrada el vicio que tienen muchos niños y jóvenes al utilizar ciertos aparatos electrónicos, pequeños, portátiles, y a mi modo de ver, peligrosos. En un mundo cada vez más complicado, esas conductas las entiendo, pero no las comprendo.
Cuando visito una plaza comercial, por ejemplo, me asombra observar a tantos imberbes y doncellitas actuando como zombis, con una “vainita” en sus manos, con la mirada fija en esa cosita, con los ojos brotados, punchándola por aquí, punchándola por allá, brincando como ranas, haciendo gestos ridículos, mascullando “malaspalabras” entre dientes, pasando piques sin necesidad.
Y no les importa lo que sucede en su entorno, puede venir un terremoto y no sienten los escombros; les llega un maremoto y ni se enteran que están mojados; hieren a alguien a su lado y ni notan la presencia de los curiosos y de la Policía.
No comen, no beben, no van al baño. Y si alguien les habla, incluso sus padres o amigos, no les hacen caso, siguen igualitos en su limitado mundillo. Y si hay menos aparatitos que clientecitos, el pleito es seguro.
He visto a criaturitas pelear para que les dejen jugar primero, y “berrean” si no los complacen, y esos maleducaditos les arrebatan el artefacto al primero que encuentran.
Para ellos la vida se concentra en esa cajita con muchos juegos superficiales, pero que fanatizan y, perdonen si exagero, también idiotizan o al menos así aparenta.
La meta es ganar puntos sin recompensa alguna. Es una competencia sin sentido, pues se busca vencer a una maquinita, que a la larga siempre se sale con la suya. Y en eso se invierten horas y horas improductivas; el resultado es un tiempo perdido, malgastado en algo perjudicial para el espíritu, el intelecto y el cuerpo, donde no se aprende nada de nada, donde se embotan las mentes y las iniciativas, donde se malogra el sentido de la socialización, para dar paso a un individualismo atroz, crudo, que indudablemente tendrá repercusiones altamente negativas en la adultez.
Que me imputen lo que sea, pero creo que eso de los jueguitos le está haciendo mucho daño a quienes son el futuro de la patria.
Pedro Domínguez Brito es abogado
Comentarios (2)
Mientras sigamos ignorando la nueva consciencia con que vienen equipados los niños de ahora y la manera como opera su inteligencia seguiremos formando para el futuro, aquellos seres que destruirán lo que estamos construyendo...