El tema surgió cuando conversaba con un magistrado sobre el juicio a Baltasar Garzón, el famoso juez de la Audiencia Nacional de España, y uno de los personajes que más admiro en el ámbito judicial.
Le expresé que era un abuso someter a Garzón ante el Tribunal Supremo de la Madre Patria, donde hasta el Consejo del Poder Judicial podría suspenderlo en sus funciones, todo por cumplir su deber y tocar al franquismo.
Quizás motivado por mis palabras, el magistrado me dijo: “Pedro, lo confieso de corazón, Baltasar Garzón es mi referencia en la justicia, en él pienso antes de tomar una decisión trascendente”.
Inmediatamente reflexioné que cuando tenemos alguna función pública o privada, o incluso en asuntos relacionados con nuestra intimidad, debemos tener referencias a seguir, personas que nos guíen, aún estén muertas o inalcanzables. Recuerdo que un presidente estadounidense tenía una foto de Lincoln en su oficina, y cuando surgía algún problema de Estado, miraba el rostro de aquel sabio barbudo y le pedía consejo.
Una nación también debe contar con referencias, con héroes de verdad que la motiven a avanzar, que unan a su gente en buenos propósitos, que le den esperanza, que le aporten sueños. A falta de esas referencias un país no se desarrolla, se queda en al aire, cada cual trilla un camino sin luces, se individualiza, se pierde todo sentido de solidaridad.
Por ello es importante resaltar a los hombres y mujeres cuyas conductas pueden ser ejemplo de moral universal, de entrega a causas nobles, de coraje y sacrificio, independientemente de las debilidades que cada uno pueda tener por su condición de humano. Y destaco que no importa dónde se esté ubicado, que hasta desde el más apartado rincón se logra actuar con honor, entrega y pulcritud.
Pero si en la sociedad los protagonistas son todo lo contrario, es decir, seres dañinos, cobardes, mentirosos, sin aportes reales al bienestar de una colectividad (de acuerdo a sus posibilidades), lo que se espera es triste. También existen las referencias históricas, acontecimientos y fechas que definieron a los pueblos, que le dieron libertad, soberanía y forjaron su identidad. ¡Pobre de aquellos que olviden su pasado heroico!
Así las cosas, me pregunto, ¿cuáles son nuestras referencias como personas y como nación? Dependiendo de las respuestas sabremos si marchamos correctamente en términos particulares y colectivos. Ojalá, en cada área, la referencia se parezca a la del magistrado.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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