Ahora la moda es presentar candidatos congresuales y municipales que sean famosos, y la mejor forma de darse a notar es en los medios de comunicación, en el arte y en el deporte.
Ya eso de ser abogado, médico, maestro o empresario es cosa del olvido. Participe en un programa de radio, aparezca en televisión, cante frente a una orquesta, sea reina aunque sea de unas fiestas patronales, lance la pelota rápido o sea buen encestador, y usted verá cómo lo buscan, y le entregan una candidatura sin usted hacer nada.
Y el pobre miembro de cualquier partido, que se fajó de sol a sol, que gastó sus chelitos en propaganda, que dejó atrás familia y trabajo, a ese de un plumazo lo sacan del escenario. Una cara hermosa, piensan los verdugos, es más impactante electoralmente que un trabajo tesonero.
Y por ello es que abundan las “candy datos”, es decir, figuras dulces (pueden empalagar), simpáticas, pero a la vez extremadamente riesgosas para quienes las promueven.
Es bueno aclarar que debemos valorar que personas de bien participen en la actividad política, aún no tengan vida partidista. Existen ciudadanos de renombre que sería un honor para el país tenerlos como senadores, diputados o alcaldes. Son dominicanos con una trayectoria de servicio, honestos y comprometidos desde sus funciones particulares con una mejor patria. A esos, por Dios, no se refiere este artículo.
Una cosa es ser conocido y otra atraer votos. En raras ocasiones eso combina. El electorado encasilla a las personas y las define claramente.
Fernando Villalona, un verdadero ídolo cuya música todos hemos bailado, recibió una aplastante derrota cuando osó hace tiempo presentarse como senador en Dajabón.
Otro aspecto importante, es que los “candy datos”, si triunfan, se sienten autosuficientes, piensan que son seres superiores, se les van los humos a la cabeza si es que ya no los tenían, y casi siempre se independizan o hacen causa común con el partido contrario al que los postuló, eso si es que cumplen su deber, asunto que raras veces ocurre. Son verdaderas veletas, que navegan al compás del viento.
Salvo excepciones, los mejores candidatos para ganar, dirigir y gobernar son los políticos con liderazgo comunitario, esos que saben el nombre de todos, que se involucran en cada actividad, que mantienen contactos primarios, que van a cada entierro.
¡Ay, los “candy datos” serán un trago amargo para muchos, empezando por quienes los fomentaron!
Pedro Domínguez Brito es abogado
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