“Es bueno ser presidente de lo que sea, hasta de la república”, esta frase se le atribuye a monseñor Agripino Núñez Collado, nuestro querido rector y mediador por excelencia. Sin dudas, somos un pueblo presidencialista, y a nadie le disgusta mandar.
Eso sí, algunos exageran, como Sanguillín, pintoresco personaje de Santiago, cuyo nombre es Félix María Quintana, quien tiene un club deportivo que lleva su nombre y del cual es, además, su presidente-secretario-tesorero-vocero, una mezcla que retrata lo que es capaz la vanidad humana.
En las campañas electorales eso se nota. Si está el presidente la gente va con más fe y entusiasmo, porque el poder atrae, y quien lo encarna es visto casi como un ser celestial. Los demás somos monte y culebra. Por ello, en tiempo de elecciones, le damos más importancia a los debates entre los que aspiran a la presidencia de la República que a los que buscan ser elegidos senadores, diputados y alcaldes.
Y es bueno recordar que en el espíritu de la democracia que tenemos, el Poder Legislativo es el principal del Estado, hasta el punto de que en naciones con régimen parlamentario le corresponde nombrar al responsable del gobierno y también lo sustituye.
Y en la sociedad moderna, son las alcaldías las que tienen un contacto primario con la población, y son las que deben velar por satisfacer las necesidades cotidianas de los ciudadanos, como recoger la basura, ordenar el tránsito, la planificación urbana, el drenaje pluvial, el presupuesto participativo, etc.
En el caso de los ayuntamientos, en los países desarrollados tienen tanto o más poder que el gobierno central, donde incluso son responsables de la salud y la educación de su demarcación, por ejemplo. Sin congresistas y alcaldes que cumplan su trabajo, ninguna nación se desarrolla, independientemente de que tenga o no un buen gobernante.
Tengo la impresión de que hay aspirantes al congreso que ni idea tienen de lo que es un proyecto de ley y también abundan los que pretenden llegar a los ayuntamientos sin entender lo que es una resolución.
Así pues, vamos a darle categoría a los debates en estas elecciones. Que en cada provincia y municipio haya un comité que los organice en los medios de comunicación. Eso nos ayudará a elegir mejor y a valorar más a quienes no están en el olimpo, pero que determinan mejor cómo nos va en la tierra.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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