Recientemente se realizó en Chile el I Congreso Virtual de la Lengua. Allí estuvo don Víctor García de la Concha, director de la Real Academia de la Lengua.
En una de sus intervenciones, al referirse a la degradación del concepto de lo público en la sociedad y su relación con la degradación del lenguaje, señaló: "Octavio Paz decía que por la corrupción del lenguaje empiezan otras corrupciones, era una idea que viene ya de Andrés Bello.
El gran líder independentista, cuando surgieron las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, decía que hacía falta la educación después para construir la ciudadanía republicana. Por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones". La última frase inspiró este artículo.
Hoy son los programas de radio los que tienen más influencia en la población. Algunos hasta inciden en serios e importantes asuntos de Estado y también logran que mucha gente piense y actúe de tal o cual manera. Son, además, los protagonistas de los palos noticiosos. Cuentan con periodistas de gran talento. Lo amargo es que a algunos se les va la mano cuando utilizan el lenguaje. La vulgaridad campea, y es tan cruda en ocasiones, que no pocos padres evitan que sus hijos la escuchen. Incluso los adultos nos pasmamos. En la cabina parece que hay una batalla, donde el ganador es el más grosero.
Cuando un comentario va acompañado de obscenidades, el receptor se fija más en la forma que en el fondo de lo expresado, y para colmo, se acostumbra a lo prosaico, y si no decía esos vocablos en su casa o en el trabajo, ahora serán el pan de cada día. Y como esa moda se expande, ya los frívolos intentan suplir su falta de conocimiento lanzando palabras indecorosas. Es su débil forma de atrapar al público, que pronto se percata de la mediocridad.
Es un asunto de responsabilidad y de ética profesional. Los medios deben ser entes educativos y ejemplos de un lenguaje sano. Sus actores deben entender que sus expresiones son guías de conductas.
Sé que tal vez no hay voluntad de frenar esta práctica. Cada cual hace y dice lo que quiere, pero si seguimos así, muchos andarán con un diccionario de sinónimos y antónimos de palabras vulgares, porque eso será lo que venderá. Recordemos que por la corrupción del lenguaje empiezan muchas otras corrupciones.
Mientras tanto, yo seguiré atrasado, aunque escriba asuntos fuertes con expresiones decentes.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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