Los contemplamos descendiendo del avión, llenos de vergüenza, ocultando sus rostros, evitando que los reconozcan. Son nuestros deportados desde los Estados Unidos de América. Ellos representan uno de los grupos más discriminados en nuestro país.
Y si se acerca uno, exclamamos alarmados: “Cuidado, por ahí viene un deportado!”, y lo señalamos con el dedo acusador, como inquisidores y moralistas a ultranza, y nos alejamos rápidamente de quien es considerado peligro público, porque quizás nos asesine o nos robe.
Hasta he escuchado en los tribunales: “Magistrado, no le haga caso al testigo, es un deportado”. Y la íntima convicción del juez queda viciada.
Este estigma provoca muchos abusos, pues coloca en cuarentena a un grupo numeroso que necesita integrarse en la sociedad, ser entes útiles, hacer sus aportes. He conversado con algunos de ellos, y no son lo que nos venden desde fuera. Uno me dijo: “Pedro la mayoría de nosotros no somos criminales; en mi caso, fui deportado por un simple problema de tránsito, y así varios de los que viajaron conmigo”.
Hago estas reflexiones porque recientemente un informe del Centro de Políticas de Inmigración del Gran Coloso del Norte estableció que el arresto de cualquier inmigrante en los Estados Unidos por un delito menor puede culminar en la deportación, aun cuando no sea indocumentado. “A pesar de que la inmigración indocumentada es un delito civil, los inmigrantes están siendo tratados como delincuentes con la deportación como castigo", indica el documento.
Y resalta algo más grave, con un ejemplo revelador: “El estudio sobre la aplicación de las leyes migratorias en el condado Travis del estado de Texas concluye que el programa de identificación de inmigrantes criminales (CAP por sus siglas en inglés) del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no distingue entre los inocentes y culpables a la hora de la deportación”.
Y lo que más me impresionó fue cuando estableció que el 57% de los inmigrantes deportados no son criminales, ni tienen antecedentes en este sentido.
Esta investigación debería tener algún tipo de repercusión entre nosotros, pues tenemos deportados en cada esquina y según lo señalado la mayoría no son esos matones y narcotraficantes que pensábamos, sino gente que por una casualidad del destino o por un capricho del sistema fueron apresados en los Estados Unidos y traídos aquí a la fuerza. Seamos justos y compresivos con ellos.
Démosles la oportunidad, que pueden ser mejores que nosotros.
Pedro Domínguez Brito es abogado
Comentarios (9)
Me parece un excelente artículo este de los Deportados, observemos cuan justo, objetivo e imparcial.
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