No entiendo cómo existen personas que carecen de metas, que son moldeadas a su antojo por el panadero de la vida, que pastan en el valle sumisas y sin gracia, que apenas actúan por instinto, que desconocen la gallardía y la buena osadía, que no luchan ni contra sí mismos, que andan por los caminos sin propósitos.
Y mientas más altos sean esos sueños, mejor, porque nadie logra más de lo que se propone.
Ahora bien, una cosa es ser gota de mar por desgana y falta de ímpetus o “amemamiento” como diríamos en el Cibao, y otra muy distinta es ser insulso adrede, con pleno conocimiento de lo que se hace.
En este último caso alguien podría argumentar que en este mundo tan complicado tal vez lo mejor sea pasar desapercibido, ser del montón, que ni los latidos del corazón suenen, que sólo siendo insípido se llega a la felicidad, que eso de estar en el medio altera nuestros ánimos y ensombrece nuestra paz.
“Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque ella ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente”, nos escribía Rubén Darío, en su poesía “Lo fatal”.
Particularmente, prefiero a los que combaten, a los que sudan, a los que aborrecen lo indebido, a los que claman, a los que exigen, a los que reflexionan, a los que se enfurecen, a los que pierden peleando, a los que ganan y se visten de humildad, a los que aprecian el encanto de observar una filita de hormigas, a los que lloran y ríen con libertad.
Adoro a los que en cada asunto se involucran con pasión, pero sin perder la razón ni la visión, que sin el ingrediente de una férrea voluntad, cada obra quedará inconclusa o marchita, si es que arranca.
Es por ello que escucho tanto “Sólo el amor”, uno de los tantos himnos del inmenso Silvio Rodríguez: “Debes amar la arcilla que va en tus manos/debes amar su arena hasta la locura/y si no, no la emprendas que será en vano/sólo el amor alumbra lo que perdura/sólo el amor convierte en milagro el barro… Debes amar el tiempo de los intentos/debes amar la hora que nunca brilla/y si no, no pretendas tocar los yertos/sólo el amor engendra la maravilla/sólo el amor consigue encender lo muerto…”.
Pedro Domínguez Brito es abogado
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (2)