Nuestra esperanza, vestida otrora de un alegre verde y ahora desteñida, está en un corral repleto de cuadrúpedos hambrientos, y parece que pronto será engullida en un festín.
LO PELIGROSO ES QUE los comensales, aún conscientes de que les dará indigestión porque será la primera vez que morderán algo sano, prefieren asumir el riesgo con tal de que muera la fe en un porvenir viable.
Y es que las fieras saben que sin esperanza pueden andar como lobos sin ley.
Y para colmo de males, esa esperanza parece tener intenciones suicidas, como si el vivir fuera para ella tormento, porque piensa que todo lo que ella reflejaba está opaco y sin posibilidad de dar ni siquiera una mínima luz.
Concluyó, entre oleadas de noticias desgarradoras, que se marchitó por falta de atención y de estímulo. Y si la esperanza se diluye en los estómagos de las bestias, es lo mismo que si como sociedad nos devoraran.
Caramba, ¿qué nos está pasando? ¿Dónde está nuestra identidad? ¿Cómo cambiamos tanto como pueblo? ¿Qué de aquella inocencia que nos caracterizaba, sin perder nunca nuestra natural inteligencia? ¿Qué de nuestra alegría, que hasta llorando teníamos una sonrisa a flor de labios? ¿Y qué de nuestra agradable hospitalidad, que era una de las virtudes que más apreciaba el que nos visitaba? ¿Por qué ya ni con el vecino nos atrevemos a compartir?
Y, créanlo, aborrezco invocar pesimismos o expresar ideas que no aporten aunque sea un poco al ánimo del lector. Lo negativo me aterra, pero en ocasiones se me impone.
Yahora, talvez por lo que hemos observado en estos tiempos de incertidumbre, mis palabras estén marcadas por la oscuridad, la cual, espero, sea temporal.
Y para combatir tanto desencanto, que puede ser más colectivo que particular, debemos sacudirnos, explotar como granadas, dejar a un lado nuestra indiferencia, olvidarnos de cierto masoquismo que nos domina, exigir al poder que cumpla su misión y comprometernos nosotros a ser ejemplos de bien para los demás. Si no actuamos, la anarquía nos vencerá.
Y ya no es asunto de narcotráfico, pues nuestros problemas son más profundos. El narcotráfico es una consecuencia del desorden, no su creador. Es en cada detalle de la cotidianidad que se nota lo mal que estamos en términos morales.
Rescatemos la esperanza de las fieras, que estamos a tiempo. Sólo la esperanza, combinada con buenas acciones, puede salvarnos como nación.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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