Así inició la conversación entre doña Benilda Llenas vda. Herrera y yo. Ocurrió en un cumpleaños familiar.
-Madrina Benilda, ¿sabe usted cuáles son las tres ées del plátano?
-Pedro, no me relajes, ni me imagino la respuesta.
- Aquí va: el plátano engorda, estriñe y embrutece. (Todos rieron).
-Oye, no oses desprestigiar ese alimento, que tanto bien nos hace. Permíteme explicarte.
Madrina Benilda tomó pose e inició su exposición, con la gracia de su talento y su inagotable ingeniosidad.
“Fíjate Pedro, en primer lugar el plátano tiene espíritu de superación. Ha ido escalando posiciones desde el plato más sencillo hasta la comida gourmet. Ya es mucho más que mangú. ¿Has probado una parmesana de plátanos amarillos con berenjena, jamón y queso, o unas canastitas fritas, rellenas de camarones o chorizos al vino? De todas maneras, prefiero el mangú bien majadito con un escabeche de cebollas adornado con dos huevos fritos y dos rueditas de salami.
Tampoco es egoísta, pues deja un espacio en el plato para acompañarse de su gran aliada, la tajada de aguacate, que al echarle sal suda de emoción. También es el protagonista del sancocho, que si no tiene plátanos es como escuchar un merengue sin tambora. El plátano es noble. Cuando alguien está débil o a dieta no se ofende si le ofrecen un guineíto verde con quesito crema.
¡Y qué enseñanza tan grande nos dan sus racimos! Allí los plátanos están unidos como hermanos, respetando el espacio de los demás, sin querer sobresalir. Y cuando llegan a la adultez se reparten hacia donde los necesiten, y al cortarlos de la mata, ceden su espacio a las nuevas cepas para que se desarrollen. ¡Cuánto podemos aprender de lo que aparenta un inocente árbol!
Demos gracias al Señor que permitió que el plátano llegara a nuestras tierras; tratemos de imitarle, pues es el alimento más decorativo y solidario, ya que se entrega por entero desde el más humilde que lo sirve en una simple higuera, hasta el más rico que lo saborea en un plato de porcelana sobre fino mantel de lino”.
Todos quedamos impresionados con la cátedra “platanística” impartida por madrina Benilda, terminada abruptamente para la dama degustar un sabroso pastel en hoja vestido de cáscara de plátano. Y de mi parte, jamás haré de nuevo el cuento de las tres ées.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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