“He estado muy enferma y me he reencontrado con Dios”, dijo una vez la más grande folclorista de estas tierras, la voz que hizo vibrar a nuestra América mestiza, como la llamó Martí al referirse a nuestro continente sufrido, valiente y lleno de esperanza, y resaltó la esperanza porque está a punto de zafarse de un llanto ancestral, pues ahora se notan nuevos aires, vientos del Sur que ella, la cantora de cantoras, soñó realizar, y luchó por ellos como una fiera de tono celestial y rostro de compromiso, y lo hizo en el escenario, en el campo de batalla, en las pampas, en París, en cada rincón donde la palabra abuso imperara.
Ha muerto doña Mercedes Sosa, y las lágrimas, como su canto, son eternas.
Estos días la he escuchado como nunca, invadido de tristeza, como si la hubiera tratado con frecuencia, y tal vez lo hice, y quizás ella, “La Negra”, estuvo siempre conmigo, motivando las ansias de mi juventud y las inquietudes casi utópicas de mi madurez; ella de Tucumán, yo de Santiago, ambos de adentro, donde nacemos y crecemos silvestres.
Su partida, por mi madre, la sentí. No ceso de acompañarle en “Sólo le pido a Dios”, aquella universal canción del inmenso León Gieco, que reza en parte: “Sólo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre, vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”.
Mercedes Sosa fue un símbolo de la libertad, de palabra y de hechos, de teoría y acción.
Alguien dijo que encarnaba la liberación de Latinoamérica.
Otro, que ella tuvo el más grande corazón para el que sufre… que sus canciones fueron un grito de libertad, que cada una de sus canciones significaban festejar la libertad de la democracia y construir un país con mayor equidad.
De laureles estuvo llena. Pero al respecto decía: “Los premios no son sólo porque canto, son porque pienso. Pienso en los seres humanos, en la injusticia. Pienso que si yo no hubiera pensado otro sería mi destino”.
Los más grandes de la música hispana trascendían al cantar con ella: Silvio, Chico Buarque, Caetano Veloso, Serrat, Shakira, Pablo…
Ha muerto la reina del canto con guitarra y bombo, del compromiso social y del valor de nuestra raza, y por ello en el cielo un coro de ángeles canta: “Mercedes, gracias a la vida, que le diste tanto”.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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