Era la época en la que para muchos ya Francisco dejaba de ser mi hermano y yo empezaba a ser el suyo. Ya no decían “Francisco, el hermano de Pedro”, sino “Pedro, el hermano de Francisco”.
Todo ocurrió en el año 1997, cuando el segundo hijo de Elsita Brito fue nombrado Procurador Fiscal del Distrito Nacional. Nuestra familia se sintió orgullosa con nuestro nuevo héroe. Conocíamos sus grandes virtudes, su honestidad, su don de servicio y su fortaleza espiritual.
En una ocasión estábamos reunidos en mi casa materna, que es una mezcla de capilla y de estudio fotográfico, pues está repleta de santos y fotos. Y justo cuando saboreábamos un chocolate de agua con pan sobao, Francisco nos narró un episodio que le marcó sobremanera, y que ahora comparto con ustedes. Esta reflexión va dirigida especialmente a la juventud.
Dos adolescentes habían cometido un horrendo crimen. Ambos tenían un gran porvenir. Naturalmente, luego del hecho sus vidas se derrumbaron.
Francisco nos contó el diálogo que sostuvo con uno de ellos, luego del interrogatorio formal. Fue más o menos así: - “Magistrado, ¿usted sabe por qué estoy aquí preso?
- Porque usted mató a alguien, afirmó mi hermano.
- Bueno, es verdad, pero también por otra razón, expresó el entonces acusado.
- ¿Cuál podría ser esa razón?
- Magistrado, porque no supe decir “no”.
- Agradecería que usted se explicara mejor.
- Es difícil reconocerlo, pero cuando se me pidió que matáramos a la persona, a mi mente llegaron dos palabras: “sí” y “no”. Y dudé al elegir, y en un segundo, me decidí por la palabra incorrecta. Y dije “sí”. Y aquí estoy destruido, por cobarde, por llevarme de la corriente.
Luego de escuchar a Francisco, guardamos silencio. Y pensé cómo estaría yo si hubiese dicho “sí” o “no” en determinadas circunstancias. En algunos casos, mi vida hubiera cambiado sustancialmente.
Decidir lo correcto es uno de los principales deberes del ser humano. Y esto se logra, en gran medida, apartándonos de las malas compañías, pues ellas confunden nuestro juicio y nublan nuestra conciencia.
Un amigo inadecuado puede representar nuestra perdición.
Aprendamos a decir “no”, que cuando de tentaciones dañinas o propuestas inmorales se trata, decir “sí”, incluso quedarse callado, es lo que más aprecia el demonio.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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