En estos días no pocos esperan cambios en el Gobierno, incluyendo a los sensatos que son protagonistas del mismo, pues ellos también se percatan de que son necesarias otras vías para salir del embotellamiento.
Este es un tiempo ideal para la sana renovación y el relanzamiento del optimismo. Será difícil que el Ejecutivo continúe inspirando confianza si se mantiene estancado, sentado.
Y este sentimiento, que estimo colectivo, no implica falta de cariño al Gobierno, al contrario, por querer que no fracase es que existe la preocupación de que no se encharque.
Es cierto que a veces el espectáculo exige novedad, y más en nuestro Caribe de emociones, pero en este caso muy gubernamental el asunto llegó al extremo de que traspasó los escenarios y penetró en el tuétano de la gente. “El pueblo quiere que rueden cabezas”, esto dicho, naturalmente, en término figurado.
No estamos hablando de falta de buenas intenciones, que hasta las buenas intenciones se embotan y se agotan, lo que nos preocupa es el desgaste, la escasez de ganas de hacer y de actuar a favor del bien común, el irse acostumbrando a lo mismo, degenerando en lo peor.
El Gobierno requiere de otros rostros e ideas, que promuevan trabajar con mayor responsabilidad, y que le inyecten una fuerte dosis de vocación de servicio, de ánimos sinceros, y algo de utopía, de canto y de poesía. Da la impresión de que parte de su maquinaria está algo oxidada, o cansada, o de que ya cumplió su misión.
Es bueno ser leal con quienes estuvieron a nuestro lado en momentos de dificultades, mas eso es conveniente siempre y cuando no se afecte a los ciudadanos y a quien se esfuerza para que todo marche correctamente.
Y no se pide un cambio radical, pues hay muchísimos funcionarios excelentes, y hasta menciono algunos de los que considero como tales: José Rafael Vargas, César Pina, Melanio Paredes, Rafael Camilo, Juan Hernández, Radhamés Jiménez, Héctor Valdez, Rubén Bichara, Ramón Ventura Camejo, etc., etc.; pero hay algunos que requieren ser sustituidos, y no necesariamente por malos, sino porque todo gobierno debe evolucionar y reponerse a sí mismo.
Estamos en el exacto momento para que el Gobierno arranque con nuevos bríos, con ánimo, con fe y alegría, que tiene a su favor que la mayoría anhela que culmine con éxito, pues nuestro presidente lo merece por justicia divina y terrenal. Que así sea.
Pedro Domínguez Brito es abogado
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